Aldeas Infantiles SOS Historia de familia

Written by | Entrevista, Líder

Kevin, de 9 años, y María, de 5, son hermanitos, ambos asisten a una escuela particular, son estudiantes regulares, tienen buena alimentación y una salud estable, juegan en el parque por las tardes, hacen sus deberes y hasta ven televisión. Todo el que lee esto pensará de una vez que se trata de unos niños comunes en el seno de cualquier familia que resida en Panamá, mas no lo es. Estos dos niños han sido vulnerados, pero mantienen una esperanza porque se encuentran dentro de la familia de las Aldeas Infantiles SOS, que también tiene una historia que contar.

 

Por: Karin Caballero

Karin.caballero@grupopauta.net

@periodistaKarin

 

Corría el año 1949 en Austria, la devastación que había dejado la Segunda Guerra Mundial era enorme, cientos de familias desintegradas, mujeres con esposos e hijos fallecidos  e innumerables huérfanos y otros niños sin patria saltaban a la vista. Fue entonces cuando a Hermann Gmeiner se le ocurrió fundar las Aldeas Infantiles SOS, una organización sin fines de lucro que unió a esos grupos vulnerables y los convirtió en familia.

 

Aldeas Infantiles SOS se basa en cuatro principios fundamentales, los cuales son la madre, tía o cuidadora, los hermanos, una casa para cada familia, que conviven dentro de la aldea como en cualquier otra comunidad del país.  Se especializa en el cuidado de los niños basado en un modelo familiar y está dirigida a infantes, niños y adolescentes que se encuentren en situaciones de riesgo por haber perdido a sus padres o porque éstos no pueden hacerse cargo de ellos.

A Panamá las Aldeas Infantiles llegaron hace 35 años y, hoy día, hay pilotos, médicos, policías, maestras y contadores, egresados de su programa de continuidad educativa, que se han convertido de esta forma en ciudadanos productivos, y que ya han creado sus propias familias, sin olvidarse nunca de dónde provienen.

 

Julia es una chica de 18 años que desde los cuatro permanece en Aldeas SOS de Penonomé junto a su hermano dos años menor y llegaron allí porque su madre no quería hacerse cargo de ellos. A estas alturas, Julia ya ha podido perdonar a su madre biológica de no ser responsable con ellos, gracias a los tratamientos psicológicos que recibe en la organización y nunca le hizo falta la figura materna, pues su madre es tía “Chela”, quien la cuida desde que ingresó al centro y es que el programa que maneja Aldeas SOS se basa en la familia, crea vínculos familiares entre la cuidadora y los siete u ocho niños que conviven dentro de una casa, que pueden ser estos hermanos de sangre o no.

Precisamente esto es lo que diferencia las Aldeas de otras organizaciones similares. Ellos no simplemente dan albergue, sino que protegen los derechos del niño en su debido orden. Primero, protegen su integridad y vínculo con la familia biológica. Por eso, si llega un grupo de hermanos, estos no son separados, y, dependiendo de cada caso, son integrados a uno de los 42 hogares del país.

Luego se le da un seguimiento a cada uno y, por requerimiento de la Organización de las Naciones Unidas y los Derechos del Niño, se mantiene el vínculo con la familia biológica, y, de ser posible, mantener siempre extrema vigilancia para no recaer en un problema. De hecho, muchos de los niños que actualmente están en las Aldeas SOS van de vacaciones a las casas de sus familiares y algunos han sido reintegrados.

 

Todo este proceso se lleva a cabo en conjunto con el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), las fiscalías y la Secretaria Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENNIAF), que han remitido los menores a las Aldeas porque no existe familia extendida, hogar sustituto o la posibilidad de adopción, y aquí reciben otra opción en el concepto de familia y reciben amor, cuidado, alimentación, educación, apoyo psicólogo, o con alguna enfermedad o discapacidad, como sucede en cualquier familia que ama a sus hijos como vengan.

 

La historia de 10 mil niños

En los 35 años que Aldeas SOS se ha mantenido en Panamá, han atendido alrededor de 10 mil niños, niñas o adolescentes, ya que adicional mantienen ocho comunidades juveniles donde los acompañan hasta el último término de estudio que deseen llegar. Todo esto se da a través de convenios con instituciones nacionales y hasta internacionales para llevar estudiantes a países como Costa Rica y Estados Unidos.

 

Domingo Barrios, presidente de la Junta Directiva de las Aldeas Infantiles SOS, conoce esto de cerca y no solo por los diez años que lleva al mando, sino porque lo vivió, no directamente con las Aldeas, pero conoció un hogar sustituto al quedar huérfano a los seis meses de nacido. Luego pudo afrontar junto a sus padres el largo proceso de la adopción y tener las oportunidades que quizás no habría tenido al perder a su madre biológica.

 

Fueron justas esas oportunidades que lo llevaron lejos a estudiar en el extranjero, regresar a Panamá y laborar en empresas renombradas hasta crear la suya. En ese ínterin, es que llega como Amigo SOS a las Aldeas Infantiles para devolver con gratitud lo que había recibido en su vida. Le vieron potencial por ser joven y colaborar con esta noble causa, por lo que le proponen la junta directiva.

 

Ahora Barrios se enfrenta a retos diferentes como apoyar una ley para la niñez panameña, y es que del presupuesto de 2.8 millones de dólares al año que necesita Aldeas Infantiles SOS, el 95 por ciento es de recaudación privada y sólo el cinco por ciento proviene del Gobierno, lo cual es deficiente. La ley que presentará este mes busca entonces crear un subsidio a todo niño que es enviado a un albergue, hogar sustituto, temporal o similares.

También argumenta sobre las deficiencias que hay en el proceso de adopción, con leyes muy rigurosas, pero que tampoco deben caer en ser demasiado flexibles como en otros países al punto de que se convierten en negociados. “La adopción debe ser una opción cuando el principal derecho del niño de estar con su familia bilógica no es posible. En mi caso, fueron muchos años para que mis padres sustitutos pudieran legalizar la adopción”, agrega.

 

Producto de esa experiencia personal, Domingo Barrios sabe que el modelo de Aldeas SOS funciona, creció en una familia que le brindó cuidados, independientemente de que no era hijo biológico.

Cada niño que crece dentro de Aldeas tiene las mismas oportunidades que él tuvo, y el apoyo total de educación, si tienen el potencial necesario para estudiar en Panamá o el extranjero.

“Las Aldeas Infantiles SOS son la opción más parecida a una familia adoptiva o sustituta y gracias al apoyo de personas desprendidas es que podemos llevar a estos niños a su más alto grado de estudio”, dice Barrios.

Aunque se necesitan más recursos económicos, ya que también cuentan con un fondo de ahorro para cuando los jóvenes se quieran independizar y aunque ya hayan cumplido 18 años, muchas veces a esa edad no tienen un criterio formado para la toma de decisiones. Así que los apoyan en la búsqueda de empleos y siempre tienen las puertas abiertas si desean volver por ayuda.

 

También viven lindas experiencias gracias al apoyo de donantes cuando necesitan hacerles el bautizo, la primera comunión, la fiesta de 15 años para las chicas y reconocimientos cuando se gradúan del colegio o universidad.

 

“Por todo esto es que consideramos que el impacto sobre nuestros niños tiene resultados muy satisfactorios, porque nuestro apoyo es sostenible y crecen en un entorno familiar con amor respeto y seguridad, con una madre que los atiende 24/7”, agrega Barrios.

 

En Aldeas de otras partes del mundo incluyen hospitales y escuelas como una organización funcional al servicio de las comunidades cercanas. En Panamá se podría llegar a ese nivel, pero solo se lograría con el apoyo de empresas e individuales para esta ONG, que es catalogada como una de las más transparente en el manejo de sus fondos

 

De este modo desean seguir brindando el servicio por otros 35 años más, sentir la satisfacción de ver a los egresados volver a las Aldeas y que se lleven a “madre o tía” de paseo o de vacaciones para que compartan con sus nietos, ver a muchas más personas vinculadas con el sistema y contribuyendo con el progreso y el bienestar del país, para que Kevin y María tengan un futuro prometedor y crezcan en las mejores condiciones que todo niño y niña merece.

 

 

Last modified: 16/07/2017

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