¿Aprender para innovar o viceversa? 

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Actualmente la sociedad y las empresas reclaman personas mejores preparadas académicamente. Además, existe escasez de personal en áreas técnicas, lo que hace un desbalance entre la oferta y la demanda de los empleos. Algunas universidades están introduciendo políticas innovadoras en sus planes de estudio estableciendo vínculos entre la investigación, la capacitación y el servicio a la comunidad. Gracias a esto, se están creando profesionales activos con aspiraciones para el desarrollo, pero falta mucho por hacer.

Por: Karín Caballero

Karin.caballero@grupopauta.net

@periodistaKarin

Para poder hacerles frente a los desafíos de las competencias económicas y mundiales y ahora con el uso de las tecnologías, se requiere de una nueva relación entre las universidades y los diversos sectores económicos del país. Con más frecuencia, se les está pidiendo a las instituciones de educación superior que transformen su forma y estructura básica para convertirse en lugares de enseñanza permanente y actualizada para todos.

Esta transformación debe ser consciente de las necesidades de los mercados y capaces de satisfacer las cualidades de la educación, la economía y del gobierno, de manera flexible pero apropiada.

Se encuentra entonces la universidad ante un reto importante, porque, a pesar de que hay presiones sociales, no puede convertirse en un instrumento al servicio de la economía. Además no puede proporcionar únicamente saber útil al mercado.

Las instituciones universitarias han de fomentar en sus estudiantes las competencias que exige la sociedad, pero junto a ella debe ir la parte académica que suponga la apropiación reflexiva y crítica de lo conocido y un compromiso ético. Y es justamente en este punto donde entra al ruedo el valioso papel de la innovación.

Esto genera muchas tensiones. Por un lado, las estructuras internas de universidades como las de la Universidad de Panamá dificultan la transferencia de conocimiento con el ritmo y las agilidades necesarias, demandadas por el sector empresarial. Aunque la universidad del pueblo hace sus esfuerzos y han creado desde hace algunos años los Centros de Innovación, Desarrollo Tecnológico y Emprendimiento (CIDETE), que buscan impulsar el motor regional a través de la  incubación de empresas, desplegar las capacidades de la población económicamente activa en las TIC y estimular la creatividad.

Por otro lado, las universidades particulares están brindando soluciones como oficinas específicas de transferencia de tecnología, parques científicos y tecnológicos o centros de investigación.

Esto es a lo que se refirió el empresario informático Bill Gates cuando le preguntaron en una entrevista acerca de qué debían hacer los países latinoamericanos para estimular la innovación y él contestó que sus principales esfuerzos debían centrarse en el mejoramiento de la calidad de la educación.

Esta es la visión de cambio que potencia valores que son el resultado de aprendizajes, compromisos y transformaciones. Se prevé, entonces, que las investigaciones en innovación social sean el futuro de las universidades, aquellas que buscan generar cambios trascendentales en las nuevas formas de satisfacer las necesidades como sociedad capacitando a los ciudadanos para que integren nuevos modelos de colaboración.

El rumbo es fijo

Así se han mejorado los planes de estudio en las universidades panameñas, que buscan la forma de combinar la innovación, la investigación y el conocimiento. Un ejemplo innovador fue el proyecto que lanzó el año pasado la Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP). Se trata de un sistema integral tecnológico en gestión del conocimiento, investigación e innovación.

El nuevo proyecto está conformado por tres servicios tecnológicos: la plataforma Pivot, la plataforma de gestión del conocimiento y la base de datos del Observatorio Panameño de Innovación Logística.

Estas aplicaciones resultan importantes para el uso de las instalaciones que se encuentran en funcionamiento en la UMIP: el Centro de Propiedad Intelectual, la Incubadora de Empresas Marítimas y el Observatorio.

A través de esta plataforma de gestión del conocimiento, la UMIP maneja sus activos intangibles, es decir, las capacidades técnicas del personal, lo que permite tener a la mano el perfil de cada colaborador, y así se pueden tener a la mano información sobre las potencialidades de cada cual, para futuros proyectos de investigación.

Todo esto contribuye no solo con la preparación del estudiante universitario, sino que contribuye con el progreso del país y apoya indirectamente el sostén de grandes obras como la ampliación del Canal de Panamá.

Así mismo, se puede dar en todas las áreas económicas y tal es el caso de la Universidad de Louisville (“Quality Leadership University”), que se apalanca a través de talleres y seminarios basados en las innovaciones de viralidad en “Social Media” con el Diplomado en Marketing Digital y Redes Sociales, el Curso Experto en WordPress o la Certificación Oficial de Google Adwords o de Hootsuite.

Panamá también sobresale en “Latin American Social Innovation Network” (LASIN), que es una red que trabaja para lograr introducir un nuevo modelo de compromiso socio-económico de las universidades con base en la combinación de actividades curriculares y extra-curriculares, herramientas de enseñanza, formación práctica y la creación de unidades de apoyo específicas que se dedican al fortalecimiento del vínculo entre las universidades con el entorno social más amplio.

Este proyecto es financiado por la Comisión Europea y desarrollado por un consorcio de trece socios, coordinados por la Universidad de Glasgow Caledonian incluidas once universidades. La Universidad del Istmo de Panamá es una de ellas.

Mark Anderson, presidente de Innovación de la Glasgow Caledonian University en Escocia, quien estuvo recientemente en Panamá, habló sobre los diferentes proyectos que han dado resultado en Escocia como el “Beith Community Development Trust”, un programa en el cual las comunidades se responsabilizan de los bienes y servicios y le ponen un revés al problema de la privatización.

Además, compartió que en un país como Panamá, donde hay tres eventos de innovación en una semana, se puede replicar el “Inusual Suspects Festival”, que trata sobre la colaboración, la búsqueda de esas conexiones poco probables que pueden proporcionar inspiración y catalizar el pensamiento y las acciones revolucionarias.

El experto en innovación social dijo también que las universidades dentro del ecosistema social tienen la responsabilidad de proveer espacios virtuales y físicos para la creación de programas para el bien de la sociedad, y que tienen la experiencia en la selección de proyectos sociales y llegar a la posibilidad de trabajar con los gobiernos. “Los políticos tienen que reconocer el valor de la innovación social, pero las universidades deben ser esos intermediarios donde a través de las investigaciones puedan demostrar el impacto de estos proyectos”, afirmó.

La empresa privada tampoco escapa de esta realidad y es importante mencionar alianzas que han firmado empresas como la Cervecería Nacional con entidades superiores como ADEN International Business School, o la Universidad Interamericana de Panamá (UIP) con el objetivo de desarrollar programas de práctica profesional, capacitación técnica e investigaciones científicas para responder a la necesidad de complementar la formación del alumnado con una aproximación directa a la realidad empresarial.

En un comunicado, el rector de la UIP, Stanley Muschett, mencionó que estos acuerdos son oportunidades significativas para los estudiantes y profesores especialistas, ya que se generan proyectos de investigación en conjunto y se refuerza el compromiso social con la comunidad, además de permitir ampliar conocimientos en ambas vías, al ser la UIP una entidad con una plataforma de investigación internacional.

A estos acuerdos también se ha suscrito entidades similares con la Universidad Santa María La Antigua (USMA), la Universidad de Louisville (QLU) y la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP).

Todo esto da lugar a la formación de técnicos y profesionales, y la universidad sigue teniendo la opción de fomentar el trabajo intelectual y científico como aventura y no solo como producción rentable. Por ello no se pueden pedir procesos de innovación a las universidades, si ellas mismas no son capaces de formar a los estudiantes en el cambio.

Las soluciones al final son, efectivamente, variadas y seguramente no hay un modelo único. La capacidad para crear innovación tiene mucho que ver con la posibilidad de trabajar de forma interdisciplinaria entre todos los componentes de una nación, ya que la innovación se genera en todos los espacios y esto supone elementos de cambio.

Los procesos de innovación de las organizaciones no resultan fáciles, ni siquiera para las universidades. Este es el motivo por el que las estrategias de innovación en el terreno de la formación, aunque sean impulsadas en el interior de cada universidad, precisan también de una valoración externa dentro del sistema universitario, pero esto nos lleva a pensar que sin innovación en las universidades no podrán existir elementos de cambios para mejorar el mundo.

 

Last modified: 20/12/2018

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