Lucy Molinar: Confesiones de una exministra

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Lucy Molinar rompe el silencio y con fuerza reaparece ante la opinión pública con El silencio de los buenos, el libro en el que explica su visión de un sistema educativo que sí tiene remedio, y los por menores de las investigaciones en su contra que aún no llegan a su término y le han costado tiempo valioso de su vida en familia y carrera profesional.

Por: Gina Buendía

gina.buendia@gmail.com

@LaBuendia25

Bajó casi corriendo las escaleras de su residencia para nuestro encuentro, es como si no hubiera agotado ni un poco de esa energía que siempre la caracterizó. Un saludo efusivo enmarca el inicio de nuestra conversación, y con halo de nostalgia responde a la primera pregunta.

¿Te arrepientes

de algo Lucy?

Sí, dice la exministra de educación.  Si hay algo en lo que fracasó fue en no encontrar los mecanismos eficientes para comunicar lo que se estaba haciendo durante su gestión como ministra de Estado.  Una respuesta de su parte que sorprende, sobre todo si ha estado en medio del ojo investigador de un Ministerio Público que se ha mostrado implacable, tanto que le acaba de negar a Lucy Molinar el permiso de salida que solicitó para no perderse la graduación de su hija que será próximamente en España.

Reformulo la pregunta.  ¿Te arrepientes de haber aceptado el ministerio al que todos denominan el monstruo del sistema?

“No. Para nada” sentenció.  Pese a todo lo que le ha sucedido, sigue pensando que el trabajo como ministra de Educación le dio la oportunidad de conocer la calidad de la gente que desea trabajar y lograr cambios. La llevó a entender que había esperanza y que uno de los remedios para sanear el sistema es precisamente sacar, excretar la política partidista y gremialista del sistema. En ese proceso pisó callos, incomodó a gente, pero permaneció firme en la posición, cayéndose todas las apuestas que solo la veían un año en el puesto.

Si bien es cierto, después de veinte años de carrera periodística siendo una critica aguerrida contra la corrupción, verse envuelta en acusaciones serias contra el patrimonio del Estado trastocó su vida. No ha sido fácil, pero ha servido para conocer a los amigos y alejar aún más a los enemigos.  Su familia y Dios han sido pieza fundamental de la fortaleza que hoy demuestra, y como si despertara de un letargo, hoy sale a la luz junto a su libro El silencio de los buenos, un informe para la ciudadanía que le tomó año y medio publicar.  Fue un trabajo en equipo, su hijo ayudó con el diseño, una amiga de su hija tomó la foto de portada, y su esposo financió este proyecto.  Esta es su historia, desde su óptica.  La óptica que hubiera querido que los medios de comunicación escudriñaran y buscaran para complementar aquellas noticias que hoy todavía la tienen frente a la justicia.

Sí a la educación

 

Recuerdo perfectamente cuando Ricardo Martinelli dijo en televisión que Lucy Molinar sería excelente ministra de Educación. Así era de informal el presidente, fue esa manera la que encontró para ofrecerle el puesto, la agarró de sorpresa a ella y a todos.

Lucy recibió muchos mensajes que la persuadían de no aceptar, entre esos tuvo que haber recibido un SMS mío alto y claro “NO ACEPTES”.  Era la manera de sacar de circulación a la periodista más aguerrida de Panamá, pensamos muchos, pero ella no lo vio así.

Reunirse con su familia y tener la opinión de su esposo, sus cuatro hijos, y sus dos más cercanos colaboradores en su hogar, la ayudaron a tomar la decisión y una frase de su hija mayor acaparó su análisis interno: Después de pasar años criticando el sistema, cómo podía seguir si le dieron la posibilidad de hacer algo y no lo intentó.

Juan Carlos Varela y Ricardo Martinelli estuvieron a los días en su residencia.  Como si fueran la mejor mancuerna conversaron con ella aceptando el cargo solo con unas condiciones, la primera, cero política en Educación y apoyo total en sus decisiones, manejo transparente de los recursos y todas las herramientas para trabajar.

Tuvo las herramientas, trabajó con un equipo y como quien lidera una batalla contra grandes muros, fue avanzando poco a poco ganando terreno y visibilizando a quienes apostaban a ganador en pro de la educación.  Muchos proyectos pusieron nuevamente a Panamá en el mapa de que algo bueno estaba ocurriendo.

Tuvo que enfrentar de todo. ¡ministra prepotente, respeta a los docentes!, ¡ministra cara dura, lo tuyo es dictadura!

El gremio magisterial, acostumbrado siempre a ganar la batalla, se enfrentó a una ministra no política y con la determinación de no dejarlos que fueran un atraso a lo que se estaba avanzando.

Y fue precisamente eso lo que encontró Lucy Molinar en su camino por el Meduca. En medio de tanta gente buena con ganas de trabajar, había que acabar con el excesivo espacio para la maniobra política y gremial. Era normal que un docente buscara a un diputado para lograr una carta de nombramiento y eso atentaba directamente con la calidad del sistema.

Lucy Molinar cerró la válvula de escape de esos espacios ganados por los gremios magisteriales, por ejemplo, ellos se habían ganado el derecho de realizar nombramientos a través de comisiones, se trataba de casi tres mil personas al año y todas eran enviadas a las comisiones de selección de personal y un docente que necesitaba un puesto podía pasar horas mendigando la oportunidad de una plaza sujeto al clientelismo, tráfico de influencias, cobros en efectivo o en especie.

Por ese motivo se ideó la creación de un portal virtual que escogiera por puntaje y postulaciones los nombramientos. PROVEL como cuenta Lucy, fue el resultado de búsquedas por terminar años de irregularidades en los nombramientos.

Cuenta la exministra que una señora se le acercó una vez a un diputado para solicitarle una carta de recomendación para lograr un nombramiento, así como hacen con las becas en el IFARHU, y el diputado de Cambio Democrático respondió “Con esa tipa no se puede”, en ese momento Lucy comprendió que se estaba avanzando y en la dirección correcta. Pero una vez salió del MEDUCA ya en el año 2016, PROVEL fue eliminado ante el silencio cómplice de los que sabían que funcionaba, y la alegría evidente de los dirigentes gremiales.

No fue lo único que se eliminó a su salida.

El conocimiento para el desarrollo de un país sale y se asienta en la Universidad, afirma Molinar.  El desarrollo está en el panameño, pero bien formado. La transformación curricular inició en la educación media por eso mismo, las universidades bajaban los índices para ingresar por la calidad de los muchachos que llegaban, y Lucy les pidió que ya no bajaran más los índices que todo debía cambiar.

Cuando salió la primera generación de los bachilleratos que estaban bajo la transformación curricular hubo un aumento del 11 por ciento de estudiantes que aprobaron los exámenes por ejemplo, en la Universidad Tecnológica.  “Ellos analizaron de dónde venían esos estudiantes y todos eran de los bachilleratos bajo la transformación curricular y eso no lo estoy inventando yo, eso lo anunció la entonces rectora de la Universidad Tecnológica, casualmente actual ministra de Educación”

Si ese no era el camino correcto entonces cuál es, dice una Lucy apasionada y casi obsesiva por el tema.  Acepta que cuando inició estaba lejos de ser perfecta, pero formaron equipos con profesores, empresarios, directores y durante cada año se avanzaba más en la actualización del pensum.

Cuando cambió el gobierno dijeron que harían un estudio de la transformación curricular, y a pesar de todo y sus opositores, el estudio arrojó que hubo una eficacia del 85 por ciento de lo realizado y eso que los gremios magisteriales afirmaban que se trataba de la privatización del sistema y de un atentado contra el docente.

Ante todas las redes establecidas, la creación del maestro Estrella, la revisión de las universidades del país, los gabinetes psicopedagógicos, y otros innumerables proyectos incluyendo la valiosa participación de Panamá ganando concursos en el exterior, llegaba un tema difícil de plantear: el salario de los docentes.

¡Te volviste loca! Esa es mucha plata gritó Ricardo Martinelli cuando su ministra de educación le habló del momento del aumento. Lucy no detalla cómo lo convenció, pero lo logró.  Es un tema que aún causa roncha sobre todo tomando en cuenta los aumentos a los que se vio obligado el sector privado pasando estos al consumidor. Pero Lucy sostiene su defensa.  Estudiar para maestro no era una carrera atractiva para los jóvenes y se debe atraer a los mejores al sistema educativo.  Ese aumento se daba si se cumplía con el proceso de evaluación, pero con la banderita de batalla de la supuesta privatización los gremios se fueron a huelga y solo pedían que se firmara el acuerdo que acababa con el paro si quitaban la evaluación del proceso, y Lucy se negó a firmar.   Las presiones de los gremios fueron constantes. Alguien alguna vez le dijo durante su periodo como ministra que eso se acababa con plata. Un exministro le comentó que para sortear ese mal trago el dió plata, nombramientos, cupos de taxi, saldo de hipoteca, de todo y ni así se los quitó de encima.   Lucy preferió en cambio escuchar desde su ventana que siguieran gritándole ¡ministra prepotente! ¡ministra cara dura!

En ese punto, del otro lado de la barrera, Lucy sintió lo frío que puede ser estar bajo la lupa de los medios y cuenta que descubrió el odio en su contra de algunos colegas periodistas. Lo descubrió siendo ministra, lo reafirmó como exministra.

Hoy no puede hablar de cómo está el sistema educativo actualmente, no sería correcto ni objetivo.  Lo que sí confiesa es que aún le duele el poco análisis y poco compromiso de continuar con lo que se estaba haciendo.  A ese profundo pesar se une el malestar que le causa saber que quienes la apoyaron para que todo caminara, hoy guardan silencio.

“El precio de construir paz, destruyó todo”  Así de claro es su mensaje.  No se resistió y llamó a algunos personajes que solo supieron decirle, “Lo siento, por la paz, es mejor dejarlo así”, y esa frase se clavó en su mente y le dio forma al título de su libro.

Justicia y corrupción

Ojalá fuera una lucha contra la corrupción real, o los sinceros deseos de hacer justicia correctamente.  Dice una Lucy algo resignada.

“Hablo por mí, hablo de lo que he vivido”.   Cuando salieron las investigaciones periodísticas que la involucrarían a ella y a otros personajes del gobierno anterior, en la serie de sucesos estuvo tranquila.  Dijo que eso ayudaría a que vieran que no hay nada, las investigaciones sobre ella dirían la verdad. “No he robado ni un real”.

Pero perseguir la corrupción utilizando justicia selectiva, o violentando el Estado de derecho, no es justicia. Hay una trama al fondo de todo.  Un odio desbordante, revanchas y un papel focal de medios de comunicación en lo que parecía una batalla de dos bandos en la que ella admite, no salió librada.

La frase “se es inocente hasta que se demuestre lo contrario” no existió en su caso.

Cuatro procesos se levantaron contra Lucy Molinar en el Ministerio Público.

El de la comida deshidratada, un proyecto financiado por el PAN, la argumentación de la defensa fue sólida y el juez dictó sobreseimiento definitivo. Los detalles de este caso los brinda en el libro. La acusaban por la calidad de la comida deshidratada. El MEDUCA solicitó al PAN que remitiera muestra de la comida deshidratada para realizar análisis y el Instituto Gorgas determinó que la comida carecía de efectos nocivos para la salud humana.  La Fiscalía, cuenta Lucy, solo tenía lo que se había publicado en el diario La Prensa.

Lourdes de Obaldía, en ese entonces directora del diario La Prensa, fue citada por Lucy para que conociera los detalles y la contra respuesta que tenía a cada publicación del diario. Pero nada se publicó al respecto.

El segundo de los casos, los instrumentos musicales. El juez se pronunció declarando nulo el proceso. El equipar a las escuelas de instrumentos musicales se convirtió en una de esas misiones que Lucy emprendía con el compromiso que funcionaría.

Una madre de familia una vez en su despacho le pidió instrumentos para los chicos de la escuela de su hijo. Lucy no lo entendió.  Aquel joven y sus compañeros estaban involucrados en malas compañías, incluso ya había participado en robos. La escuela y un comprometido maestro intentó agruparlos y enseñarles música. El cambio que esa madre vio en su hijo la hizo atreverse y pedir directamente a la ministra con fe.  Lucy entendió el efecto multiplicador que eso tendría. Muchas escuelas fueron equipadas y al acabar el gobierno, vino la demanda.  Alguien dijo en los medios que los instrumentos no eran de calidad y tenían plomo. Suficiente para abrir una causa que llevó a peritos a analizar instrumento por instrumento, y a la contraloría a auditar el proceso de compra. Y no encontraron nada.

Quedan dos procesos a la espera de audiencia. Lucy Molinar no entiende por qué las aplazan.  Y no podía esperar ni un momento más para publicar el libro que hoy se convierte en su nuevo caballo de batalla, lo que deja cabida a una segunda entrega.

¿Pensaste en algún momento en dejar el Gobierno?

La ruptura de la alianza Martinelli-Varela fue un momento difícil.  El primero, le confió el ministerio, el segundo era su amigo de años. No podía creer que los que en ese momento iniciaron una guerra campal hayan sido los mismos que fueron a su casa a convencerla para que aceptara la cartera educativa. Cuenta Lucy que aquellos parecían caras de una sola moneda, fraternizaban de una manera increíble y de pronto eso acabó. Esa amistad sufrió una transformación donde surgieron diferencias que mutaron en recelo.

Y en ese punto, donde todos los panameñistas salieron del gobierno, Lucy sintió el ambiente tenso de aquellos del CD que pretendían que ella dejara el puesto por su evidente amistad con Juan Carlos Varela, y por otro lado, los panameñistas tildándola de traidora por quedarse en el gobierno.

Lucy lo pensó, ya a 26 meses del gobierno se había trazado una ruta que debía decidir si terminaba o interrumpía.  Y finalmente pensó y concluyó que no podía sumirse en la misma pelea y ella había adquirido un compromiso con el sector que superaba cualquier alianza política. Y por aceptar vivió en medio de un fuego cruzado.

¿Se te han acercado los políticos?  Que ni lo hagan.

¿Y Martinelli?

Le reprocho no haberse quedado aquí en el país para enfrentar a la justicia y defenderse con lo que podía.

Lucy Molinar dice haber vivido lo ingrato que es ser la mala de la película.  Pero, ¿qué es ser mala?, ¿decirle no a un gremio que tenía secuestrado al sistema? ¿O haber cuestionado a personalidades que se beneficiaban de dineros de la institución? Son las preguntas que se hace, y de las que sabe perfectamente las respuestas.

“Una de esas personas, de notable y continua presencia en los medios mantenía un subsidio a favor de un proyecto personal. La llamé por deferencia para hablar del tema y me dijo que era parte de un proyecto de RSE en donde le daba cabida en su escuela a niños humildes para que estudiaran gratis”, no me lo quites, me dijo.  Y Lucy analizó que era incongruente el subsidio que recibía con relación a los niños pobres y que RSE debía hacerlo con recursos propios no con dineros del Estado. A raíz de eso salió una normativa en donde ninguna escuela cuya matrícula y mensualidad fuera superior a un monto determinado podría recibir el subsidio.  Se ganó una opositora a todo lo que emprendía el Ministerio, ese es el precio que se paga.

¿Qué harás mientras?

Ahora este libro es mi trabajo. Dice una Lucy decidida a ir a cada rincón que pueda a contar su historia. A eso se va a dedicar, el futuro es incierto, pero anhela días mejores.  Es y seguirá siendo periodista, muy preocupada por el rumbo que el periodismo tomó en los últimos años.

Con el libro en mano ya respira y sin dolor. Le envía un mensaje al país.  Las lecciones que ha aprendido en los últimos años son muchas, las heridas también. Su historia no termina, pero aquella Lucy Molinar, tenaz, persistente, luchadora y combativa ha vuelto y no dejará de hablar del sistema educativo, porque conoció estando dentro que cambiarlo sí es posible, aunque se pierda en el proceso.

Last modified: May 25, 2018

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