De gira por La Gran Manzana

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¿Dónde llevar a tus hijos de vacaciones si ya tuviste la oportunidad de ir al obligado viaje a Disney? Me imagino que para muchos, esto no resulta una difícil decisión. Pero en mi caso, que no tengo la oportunidad de viajar tan a menudo con mis hijos como quisiera, tenía que ser una ciudad donde lográramos conocer la mayor cantidad de lugares, con el menor presupuesto posible y aprovechando el tiempo al máximo. Además, lo ideal sería un lugar que ya yo conociera para evitar cualquier sorpresa y contratiempos, considerando que estaba viajando con dos menores de edad.

Por: Anayansi Mendoza

anayansi.mendoza@gmail.com

 

Aunque me tomé un tiempo en pensarlo, la realidad es que en mi mente solamente retumbaba un lugar, New York! Recuerdo que la primera vez que visité esa ciudad, me dije a mí misma que un día viviría allí. Al pasar el tiempo, con la madurez y los cambios de prioridades, esto se convirtió en un sueño lejano. Pero la idea de visitar la ciudad con mis hijos, Andrés Marcel y Jan Luca, se hacía cada vez más atractiva y emocionante.

 

Después me tocó viajar varias veces aunque por motivos de trabajo. Así que pensé que estaba preparada para la aventura familiar. Empecé por comprar los boletos de avión, pero cuando me dispuse a reservar hoteles, llegó la primera sacudida a la realidad, New York no era precisamente el lugar ideal para un presupuesto moderado. Así que pasé horas y horas en Internet buscando opciones de hoteles, tours y entrada a las atracciones.

 

Un día en mi intensa búsqueda, me apareció una oferta que captó mi atención; el Marriott Marquis, justo en Times Square, tenía una oferta que no podía desaprovechar y lo que quería era que la primera impresión de la ciudad para mis hijos fuera agradable y sin decepciones. Pasaríamos ocho noches y nueve días en la ciudad, así que tenía que organizar creativa y estratégicamente el presupuesto y el resto del tiempo que pasaríamos allí.

 

Me aseguré de reservar un traslado que nos llevara del hotel al aeropuerto, en cuanto llegáramos. Pero allí tuvimos nuestro primer, pero quizás único percance del viaje. Nuestro vuelo de Panamá a Houston se atrasó y perdimos nuestro vuelo Houston-New York. Eso significó cambio de aeropuerto, del JFK a La Guardia, por lo que el traslado ya no funcionaría.

 

Todo eso quedó atrás cuando llegamos al hotel: la emoción de mis hijos fue tan grande que el cansancio y el sueño desapareció en segundos. La habitación en el piso 25 y el elevador transparente del Marquis ya era una aventura para ellos. Aunque ya eran pasadas las diez de la noche, bajé con ellos para que tuvieran su primera experiencia en Times Square. Estaban impresionados con toda la actividad nocturna y, por supuesto, las luces y pantallas que caracterizan a ese sitio.

 

Empieza la aventura

Ya desde Panamá había comprado un City Pass que incluía la visita a tres sitios turísticos importantes. El primero que elegí Empire State Building, el segundo el Museo de Ciencias Naturales y por supuesto, no podía faltar la Estatua de la Libertad.  Así que al día siguiente nos fuimos caminando al Empire State Building, uno de los lugares más esperados por mis hijos. Nos emocionamos apenas logramos verlo desde lejos. Subimos hasta el piso 86 del edificio para contemplar la maravillosa vista que te da un completo pantallazo de la ciudad, de su historia, su magnitud, belleza y de su relevancia como una de las ciudades más enigmáticas del mundo.

 

Siguiendo el recorrido a pie, que es la mejor forma de disfrutar esta ciudad, visitamos la Biblioteca Pública de New York y mi lugar favorito la ciudad de Rockefeller Center.

 

La visita en el museo sería muy difícil de  explicar por la gran emoción y el interés de mis hijos en todo lo que veían en el recorrido, empezando porque ambos son entusiastas de los dinosaurios. Y a la salida, nos sorprendió el impresionante mural alusivo al Canal de Panamá. Para mi sorpresa, no hubo quejas, no había cansancio, ni nada que los detuviera durante el recorrido.

 

Salimos del museo y cruzamos al icónico Central Park. En mis anteriores visitas, no había podido entrar y solo puedo decir que me enamoré de su energía, de la gente, de la manera en que este lugar transmite la esencia y el espíritu de la ciudad. Sólo nos restó echarnos sobre la hierba y disfrutar de un hermoso día soleado, pero sin sentir el calor sofocante. Ahí me podría quedar un día entero sin problema.

 

El presupuesto

Estaríamos otros días más en Estados Unidos, así que durante etapa de investigación sobre New York decidí que nos saldría más económico y más interesante salir de la ciudad y aprovechar para conocer otro destino interesante.

 

Así que lo que hicimos fue tomar un autobús desde New York hacia la capital estadounidense, sí a Washington D.C.  Fueron cuatro horas de viaje, en un cómodo bus de la empresa Greyhound, tenía wifi y conectores para el cargador, así que mis hijos tampoco se quejaron esta vez y hasta durmieron por un largo periodo del trayecto.

 

Nos instalamos en el área de Foggy Botton, un barrio histórico con una hermosa arquitectura que se destaca por las coloridas casas adosadas. Pero a pesar de su aire clásico y conservador, el lugar se mantiene joven y dinámico, principalmente por la presencia allí de varias universidades, entre ellas Georgetown University, una de las más conocidas del país.

 

En la mañana, luego de un rico desayuno con bagels, tomamos el metro, uno de los más limpios y bien cuidados que conozco en Estados Unidos y llegamos el conjunto de museos, galerías y monumentos del Smithsonian Institute, que se extiende desde el Monumento a Washington hasta el Capitolio. Nuestra primera parada fue el Smithsonian Castle, donde conocimos un poco más sobre la historia del científico británico James Smithson y su gran legado.

 

Por falta de tiempo, no entramos al National Gallery of Art. Todavía me arrepiento un poco de la decisión, pero para mis hijos eran prioridad el National Air and Space Museum y el  National History Museum, que auunque un poco más pequeño que el de New York, estaba igual de completo e interesante.

 

De regreso al hotel, decidimos pasar a la Casa Blanca, ya que probablemente no tendríamos el tiempo de hacerlo después. Nos encontramos con una protesta muy concurrida y vistosa. Se trataba de una marcha en contra de la construcción de un oleoducto de Dakota del Norte, región habitada por La tribu Sioux, de la reserva india Standing Rock. Todavía tengo en mi mente la consigna que cantaban los participantes a la cual nos unimos: “We are the people, you can ignore us, we wont´let you build this pipeline”.

 

Finalmente nos fuimos a descansar, ya que al siguiente día teníamos que tomar el bus de vuelta a New York hacia nuestro nuevo destino, Brooklyn. Desde allí resultaba más práctico movilizarnos hasta la parte baja de Manhattan y nuestro próximo destino, la Estatua de la Libertad. Esta fue nuestra primera experiencia en el metro de New York. Desde Park Slope llegamos a Little Italy y al Barrio Chino, donde compramos los souveniers para familiares y amigos. De allí partimos entonces hacia el Distrito Financiero, nos tomamos la foto obligada con el Toro de Wall Street (o Charging Bull) y entramos al Museo Nacional de los Indios Americanos, donde encontramos una interesante exhibición de piezas de sitios arqueológicos de Panamá, antes de dirigirnos a Battery Park desde donde tomaríamos el ferry hacia la isla de la Libertad.

 

Almorzamos en el restaurante del lugar y admiramos la estatua desde todos los ángulos. Luego, en el mismo ferry nos dirigimos a Ellis Island. Mis hijos y yo quedamos impactados por la historia de los inmigrantes y el Museo Nacional de Inmigración, que incluye audios reales de los protagonistas.

 

De regreso al metro, no me sentía totalmente convencida de visitar el 9/11 memorial. Luego de consultarlo con mis hijos, iniciamos una silenciosa caminata hacia allá. Fue tan impresionante que fue inevitable evitar las lágrimas. Caminamos alrededor de una de las grandes y profundas piscinas reflectivas, leímos algunos de los nombres de las víctimas, y la verdad es que resultó ser una experiencia bastante profunda e intensa. Les pregunté a mis hijos que si querían entrar al museo y los tres decidimos que no lo haríamos.Lo que vimos fue suficiente para tener una clara idea de ese triste momento. Antes de regresar a Park Slope, hicimos una parada estratégica para comer unos deliciosos chicken kebab kebah y a descansar

 

Regresé convencida de que New York fue la mejor elección para este viaje. Me complace que, en muchas de las  películas que mis hijos ven en el cine o la televisión, puedan decir “yo estuve allí.” Sabía que lo apreciarían y lo disfrutarían tanto como lo hice yo en mi primera e inolvidable visita a esta fascinante ciudad.

 

 

Last modified: 22/06/2017

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