El traje más hermoso del mundo

Written by | Del Patio, Entrevista

“No me pidas ni sedas ni gasas para ornar esta noche, mi talle… Noche de carnaval… ¿Qué panameña reemplaza su pollera por un traje? ¡Mi pollera!

 

¿Quién no ha oído esta melodiosa poesía de Ana Isabel Illueca en la que se complace toda la descripción sobre los pliegues, encajes, colores y costuras de esta prenda femenina panameña?

 

En este mes de noviembre, Pauta le hace honor de buscar de viva voz por qué dicen que ninguna mujer debe morir sin lucir la pollera ni morir en el intento.

 

Por: Karin Caballero

Karin.caballero@grupopauta.net

 

Las expresiones culturales de Panamá alumbran con la calidez de su mediodía tropical, y algunos de los más nítidos destellos provienen de sus pintorescas polleras. Es un atuendo típico que encuentra sus antecedentes en las celebraciones populares de antaño, cuando las damas se engalanaban para danzar con holgura al son del tambor y del violín.

 

Algunos de esos bailes aún se interpretan; otros han desaparecido, pero muchas de estas manifestaciones han sido rescatadas por artistas y folcloristas dedicados que enseñan a sus generaciones y a todo aquel que desee aprender. También hay que destacar la participación en la actualidad de los grupos profesionales de danza folclórica.

 

Se dice que el traje folclórico panameño o pollera encuentra sus antecedentes en las técnicas y orfebrería europea y del Lejano Oriente, otra prueba de la herencia española. Sin embargo, se considera a la Las Tablas, provincia de Los Santos, como cuna de la pollera, porque fue aquí donde nacieron las primeras y diferentes manifestaciones de este vestido.

 

Tanto ha sido la determinación de los santeños, que han logrado tener más de mil polleras en un mismo punto, provenientes de todas partes del país. El Desfile de las Mil Polleras en la versión de este año logró un impacto económico de 22.5 millones de dólares, un desplazamiento de más de 40 mil vehículos, 125 mil visitantes y una ocupación hotelera al ciento por ciento.

 

Pero no solo de Los Santos brotan las polleras que visten las mujeres de este suelo patrio, sino que de cada región o provincia ha surgido una versión diferente. Así, existen la pollera chiricana, la veragüense y hasta la conga, que es proveniente del área costera colonense.

 

 

Tradición a flor de piel

La esencia de la pollera como traje típico de Panamá -aunque no se puede llamar nacional, ya que no existe una Ley que lo avale- se inspira en la delicadeza de la mujer para confeccionar un vestido para su uso, con los elementos completos que la engalanen.

 

Para conocer más de esa esencia, entrevistamos a la señora Virginia de Herrera, oriunda de Los Asientos de Pedasí, hija de un músico empírico que confeccionaba sus propios instrumentos. Creció en medio de todo ese jolgorio que solo se vive en el interior de nuestro país.

 

Al estudiar alta costura y toparse con el problema de que no encontraba polleras para sus dos hijas, decidió resaltar la cultura panameña a través de la confección de polleras. Fue tanta la necesidad que tuvo que empezar a diseñar los vestidos y enviar a otras personas para que le ayudaran con las confecciones de los mundillos (tejido de la pollera), que es lo más caro de este vestido, y las labores que dependen del tamaño de la mujer.

 

La confección de una pollera puede durar hasta un año. Como anécdota, nos cuenta que manda sus polleras a trabajar con un señor que tiene casa de zinc y piso de tierra, pero hace los mejores mundillos, todo para trabajar honradamente para su hijo parapléjico.

 

En el recorrido de sus 40 años de experiencia, la señora Virginia innovó al agregar en su taller, que es su propia residencia, el alquiler de polleras y vestimentas típicas para grandes y chicos. “No importa lo que me ha costado, lo importante para mí es que si alguien quiere vestirse con la pollera, lo haga bien y doy todo por el todo”, manifiesta.

 

Dice que increíblemente ha vestido a más extranjeras que a panameñas y que a pesar de que cuenta con una discípula, nadie nunca se le ha acercado para decirle que desea aprender el arte de confeccionar una pollera.

 

Asegura que seguirá atendiendo de forma personalizada a sus clientes y llevando sus polleras alrededor de todo el mundo. Actualmente sus vistosos vestidos han hecho presencia en Italia, España, Texas y en el Desfile de la Hispanidad en New York, con la participación de su propia hija Gina Herrera.

 

Pauta fue afortuna de que la señora Virginia se empollerara por segunda vez en su vida para esta sesión de fotos. Ataviada con una pollera valorada en siete mil dólares, sin contar la joyería (oro de 24 quilates) que ronda entre 400 y 1,500 dólares cada una de las siete cadenas que porta. La enagua puede costar otros 1,200 dólares y solo las peinetas cuestan otros siete mil dólares.

 

Sin hablar de los tembleques, que representan la flora y fauna de Panamá, y que en un inicio se utilizaban flores naturales, posteriormente la materia prima fue la escama de pescado, pero con la evolución ahora se utilizan hasta piedras de “Swarovski”; por eso pueden llegar a valorarse hasta en mil dólares.

 

Solo la pollera puede llegar a costar hasta 20 mil dólares

El costo no es lo más importante, dice la señora Virginia, sino el valor que le des a tu propia pollera al portarla correctamente. Comenta que el 95% de los panameños no sabe usar este traje correctamente y son los extranjeros los que más preguntan.

 

Considera que toda panameña debe tener por lo menos una montuna santeña, que es la más económica y puede estar entre tres mil dólares la camisa y 300 dólares el faldón y usar todos los detalles de los moños, lazos y tembleques de colores.

 

Critica que algunos grupos folclóricos para abaratar costos utilicen tela clonada, que aunque se prohibió su venta, aún se puede conseguir. Lo mismo que se utilicen colores fluorescentes o modalidades que escapan de lo autóctono de nuestro país.

 

Mientras, ella sigue recibiendo y explicando con amor todo lo relacionado con la vestimenta del traje típico, hasta que su cuerpo se lo permita. A sus 61 años, anhela que su legado quede para toda la vida y las nuevas generaciones puedan apreciarlo.

 

 

Hablando de generaciones y festivales

Así mismo como lo ha logrado mantener el Festival Nacional de la Pollera, que a través de la Ley 50 del 24 de noviembre de 1961, instauró el 22 de julio de cada año para realizar dicha celebración dentro del marco de las Fiestas Patronales de Santa Librada.

 

Este Festival es organizado por el Club de Leones de Las Tablas y el Comité de las Fiestas Patronales. El principal evento realizado en este festival es el Concurso de la Pollera Medalla Margarita Lozano, en el que participan polleras de todo el país.

 

Para el próximo año, la joven Lía Maybeth Rodríguez será la reina entrante de este Festival en el cual se luce la pollera como símbolo esencial de nuestra identidad. Ella dice sentirse orgullosa de ser la embajadora nacional del traje típico más lindo del mundo.

 

Agrega que le encanta lo que hace y no le importa soportar sobre su cuerpo todo el peso de los accesorios con tal de lucir la pollera. “Hay eventos en los que me ha tocado vestirme desde tempranas horas de la madrugada y hasta dormir empollerada, y cada una de esas experiencias me han hecho valorar cada vez más nuestro traje típico”, dice encantada.

 

Su mayor anhelo, al igual que la señora Virginia, es guardar de generación en generación el legado de la pollera, así como tiene guardada su primera pollera de cuando tenía seis años.

 

Y es que una pollera implica una gran responsabilidad para el diseñador y el artesano que la confeccionan, hasta la mujer que la porta. Se debe tener el conocimiento necesario para no afectar su esencia, ya que hoy día se pueden observar fallas como la mezcla de arreglos, adornos y colores con polleras que usualmente tienen sus propias características.

 

Muchas de estas cosas se podrían evitar quizás si existiera una ley que protegiera la pollera como traje femenino nacional de Panamá. El profesor universitario Leopoldo Bermúdez-Buitrago escribió en un artículo de opinión para el diario La Prensa que en Panamá existe un sinnúmero importantísimo de leyes que protegen el patrimonio histórico de la nación, pero que se está en deuda con la historia y la cultura nacional si no se protege la pollera.

 

Debe existir una ley que también fomente el respeto a la creatividad de quienes la diseñan y confeccionan, porque su valor estético y sus diseños la llevan a ser considerada como una de las principales manifestaciones de la identidad panameña, dice en su escrito.

 

Agrega que el Instituto Nacional de Cultura (INAC), el Ministerio de Educación (MEDUCA) y la Autoridad del Turismo de Panamá (ATP) y las respectivas alcaldías deben ser las entidades responsables de la conservación, promoción, divulgación y reconocimiento de la pollera como traje nacional de Panamá.

 

De esta manera, se resaltarán las manos de los verdaderos expertos, quienes recomendarán cómo vestir el traje nacional como lo marca la tradición. Y así dejar que cualquier mujer se atavíe con la pollera, cante una tonada al oír un tamborito; pero, sobre todo, para que no cambien su vestuario ni por gasas ni por sedas, porque ninguna panameña cambiaría por nada su pollera.

Last modified: 20/12/2018

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