CHINA, ¿por qué no fue antes? La crónica de 50 años de intentos

Written by | Crónica, Entrevista

Por: Rubén Murgas Torrazza

Tenía once años cuando mi hermano Rodolfo “Fulo” Murgas, en representación de Panamá, asistió al Congreso Mundial de Estudiantes, realizado en China. Mi edad era la edad del triunfo de la revolución en el país asiático y la foto de “Fulo” saludando a Mao Tse tung, Lin Piao y Chou en Lai, se hizo famosa y emblemática en Panamá.

A esa edad, era quizás, mi referente más cercano a aquel mundo inundado de historias, memorias, emperadores, revoluciones, guerras y sabios, aunque mi padre, Rafael “Pito” Murgas, disponía entre sus lecturas y libros, al menos para la época, un conocimiento más ambicioso de China como país y de la naciente China Popular, que algunos de sus contemporáneos.

Esta curiosidad de mi padre, y su relación cercana con muchos miembros de la comunidad china asentada en Santiago de Veraguas, fueron el caldo de cultivo para que luego fundara con otros ilustres panameños la Asociación de Amistad Chino-Panameña.

A mi ingreso a la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá, las luchas ideológicas eran muy marcadas, y como en todo el continente, y también, en todos los continentes y rincones del mundo, surgió  de esos enfrentamientos a veces sectarios, la moda del libro rojo, y las que acabarían siendo discusiones generalmente resueltas con esa biblia roja que encarnaba lo que se llamó marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse Tung, en contraposición a la línea Moscú, sin ignorar los brotes socialistas de la línea trotskista, afín al pensador ruso León Trotski, perseguido por el régimen soviético de Joseph Stalin.

Fue la época en que ingresé de manera inusual al ejercicio más directo del periodismo y fui nombrado director del diario Crítica, por orden del general Omar Torrijos.

LA UNIVERSIDAD Y LOS CUENTOS CHINOS

Tenía entonces dos sombreros: periodista con poder de decisión y dirigente estudiantil de un grupo llamado MAR (Movimiento de Acción Revolucionaria), que en cierto modo representaba un homenaje a quienes habían emprendido la locura romántica de una insurrección armada que hoy constituye la historia del Levantamiento del Cerro Tute, en la que había participado directamente mi hermano “Fulo”, y con menos protagonismo mi otro hermano Rolando.

Era notorio que en la librería de la universidad se imponía la Línea Moscú. Pero yo iba por el medio del camino en esa agitación de ideas y militancias dogmáticas. Y se me ocurrió organizar una charla universitaria con el poeta Álvaro Menéndez Franco, quien también, como “Fulo”, había viajado a Pekín y Moscú, tiempo atrás, para conocer de sus revoluciones.

Hasta ese momento no había nada profundo de conocimiento, literatura o textos en la universidad con relación a este acontecimiento de la revolución china.

El debate fue promocionado en las páginas del diario Crítica y con foto de Mao en primera plana anunciamos la charla del poeta. Hubo lleno total en el recinto universitario.

Me atrevo a afirmar que lo único que existía como rastro físico de presencia de la China Popular en Panamá era una delegación de periodistas de la agencia de noticias Xinhua, que fungían como corresponsales, pero que sin duda tenían la paciente misión de observar y mejorar paulatinamente la imagen de su gobierno ante los demás países del mundo. Eran en esencia agentes diplomáticos ejerciendo el oficio de corresponsales.

La foto de Mao en Crítica provocó un acercamiento casi inmediato con estos delegados de Xinhua, y en poco tiempo nos hicimos grandes amigos.

Ellos querían conocer bien Panamá y también lo que yo pensaba acerca de China Popular, puesto que las relaciones oficiales y únicas eran con Taiwan, la isla de Formosa convertida en la República de China, luego de que, como territorio,  había sido administrado como una provincia  por los japoneses hasta su derrota en la Segunda Guerra Mundial, y luego, ocupada formalmente por el ejército nacionalista liderado por Chiang Kai Chek, apoyado por los Estados Unidos de Norteamérica. Eran tiempos de consolidación del nuevo mapa geopolítico mundial y la ambientación de la llamada guerra fría.

Con los delegados de Xinhua realizamos varias giras por el interior de Panamá. Eran desplazamientos sociales, y yo sentía que mis invitados chinos lucían tímidos, bastante respetuosos y portadores de una extraordinaria cautela.

En estos viajes nacionales tocaban todos los temas. Siempre viajábamos el jefe de la agencia china, su segundo, quien sí hablaba español, y yo. Es cuando de manera formal me invitan a conocer la República Popular China.

DE FRENTE CON LA GRAN CHINA

Así me convierto en el primer periodista panameño invitado por el gobierno chino a conocer su país. Antes había viajado el periodista Mario Velásquez, quien había solicitado permiso de ingreso para realizar una serie de reportajes periodísticos para la televisión panameña y mostrar China.

Mi viaje se cristalizó vía Tokio. Allí me recibió una delegación gubernamental china y nos dirigimos a Beinjing. Mi sorpresa es que mi periplo fue concebido como una visita de Estado, y hubo desde el primer momento un tratamiento privilegiado conmigo.

Lo primero que recibí fue un grueso abrigo de piel de oso, que me entregaron en el aeropuerto debido a las bajas temperaturas que reinaban. Fue milagro chino que yo conociera la nieve. Llegué en medio de un crudo invierno para el cual no iba preparado.

Me hospedaron en el viejo y muy importante ícono de la ciudad, el Hotel Beijing, por ser el lugar desde donde Mao proclamó el triunfo de la revolución y anunció la fundación de la República Popular China.

Como hecho curioso, el traductor asignado, con su tarea a mi servicio, estaba haciendo la tesis de grado en el idioma español. Sin embargo, tenía como acompañante permanente un colega periodista que hablaba perfecto español.

Me pidieron que escogiera los lugares que deseaba visitar, sin restricciones ni rutas preestablecidas. ”Diga lo que quiera conocer”, expresaron.

Escogí conocer aspectos como saber en realidad la manera de divertirse el pueblo. Me llevaron a ver una película, por supuesto china, con un cine abarrotado. El guión era sencillo, un niño héroe en una batalla de la guerra chino-japonesa, amén de que por esos días se vivía un clima político especial por aquello de la revolución cultural, atrapada en un dogmatismo único que llegó a amenazar la destrucción o desaparición violenta de muchos valores tradicionales o precedentes a la revolución maoísta. En tiempos siguientes, ocurrió el proceso que se conoció como el juicio popular a “La banda de los cuatro”, que marcó así el inicio de un período tímido de apertura económica y política y una nueva relación con el mundo.

Pedí visitar un refugio subterráneo antiatómico, para comprender mejor el estado de preocupación de ellos frente a una conflagración nuclear. Y fui invitado especial de las ciudades que escogí conocer: Shangai, Nankin, Hangchou,  Cantón, además de la capital Beijing (Pekín).

En esos lugares me recibían las principales autoridades locales y mis visitan eran registradas en los periódicos provinciales.

Cada día de mi estadía me sentía más impresionado con la sencillez de los funcionarios.

Los altos funcionarios se movilizaban en bicicleta y a mi me entregaban los diarios traducidos. Le habían dado mucha importancia a Panamá.

Fui a un parque de diversiones para niños y adultos totalmente rudimentario y desprovisto de toda tecnología, donde funcionan regularmente los carruseles de caballitos. El traductor me insistía: ¡móntese! Y yo me negaba. No era mi interés lúdico. Y el hombre de nuevo: ¡móntese, por favor! Finalmente, se me acercó y me dijo en tono discreto: “móntese porque así me monto yo. Es que cuando estaba niño la revolución no tenía estas cosas”.

Había una tienda de productos para los diplomáticos en Beijing donde quise comprar un jacket. Al ponérmelo me quedé con la cremallera en la mano y quienes me atendían pasaron un mal momento.

En las calles se veían miles de ciudadanos en bicicleta y en las avenidas principalmente camiones militares. Se estaba estrenando el metro y me llevaron a conocer el sistema del ferrocarril, muy ruidoso, recuerdo. Los propios acompañantes, en señal de prevención, advirtieron la preocupación del gobierno para solucionar la incomodidad que producía el ruido del tren.

En un hotel antiguo de lujo en Shanghai, donde fui hospedado, los funcionarios me comentaron que antes de la revolución en la puerta de entrada se exhibía un letrero que decía: “Se prohíbe la entrada a chinos y perros”.

Fui a Cantón y sentí que esta urbe estaba más occidentalizada. En todo caso lo que sentía es que en ningún momento los acompañantes trataban de impresionarme. Por ejemplo, pregunté cómo vive un obrero (¿) y entonces me llevaron a la casa de uno de ellos en un complejo habitacional de apartamentos.

El hombre vivía solo, pero se sentía feliz, porque antes de la revolución dormía en la caseta del perro. Ahora (en ese momento) tenía dos mudas de ropa: una para el invierno y otra para el verano. No había televisión ni radio en su apartamento. Pero en el complejo había un circuito de parlantes a través de los cuales se escuchaban música y noticias.

En todas estas observaciones no percibí un show o un espectáculo mediático para impresionar al visitante.

En un evento social “metí las patas”, como se dice popularmente. Me hicieron una recepción y ofrecieron un brindis. El protocolo indica que el homenajeado sostiene la copa y los demás que acuden como oferentes van pasando y se toman su copa. Yo me tomé ocho copas de un licor de arroz conocido como moe tae.

Pero lo más espontáneo resultó cuando en uno de los brindis me preguntaron: ¡Usted qué quiere hacer como ser humano? Y les respondí con un proverbio chino, de la cosecha del pensador Confucio: “sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”.

Los chinos guardaron profundo silencio. En ese momento histórico del país, Confucio era estigmatizado por los excesos de la revolución cultural. Y casi todos los días los diarios atacaban a este milenario filósofo. Hoy está de moda en China.

En el año de mi visita el presidente estadunidense Richard Nixon va a China y un mes antes los chinos habían reanudado los vuelos de Japón a Beijing y viceversa.

Tuve tiempo de leer y me llevaban muchas publicaciones debidamente traducidas.  Recuerdo que pude meterme en las intimidades de muchas obras de Mao Tse Tung y en literatura una colección de obras de Mario Vargas Llosa.

Mi viaje a China me deparó enormes experiencias y conocimientos y por primera vez vi la nieve y un río enorme congelado. Como turista pude conocer las maravillas chinas desde el puente sobre el río Yangtsé hasta la ciudad prohibida.

Retorné a Panamá y escribí la crónica de mi viaje. En el relato resalté la igualdad y humildad de funcionarios y pueblo, y de la sociedad china en su conjunto, en aquel momento secular de su historia. Pero hice la crítica a la campaña dogmática contra Confucio, el filósofo de la moral y la educación. Eso me resultaba extraño salido de los cabales.

En Panamá me siguieron visitando, y por otra parte, aun no se veían atisbos de una apertura de relaciones diplomáticas con la República Popular China.

Sí había sucedido un hecho notorio antes de mi viaje.  En Panamá se celebró la reunión Nº 1695 del Consejo de seguridad de las Naciones Unidas (ONU) y en la sesión de apertura le correspondió al jefe de gobierno, general Omar Torrijos Herrera, pronunciar las palabras de inauguración donde destacó la lucha del pueblo panameño por la defensa de la soberanía y la eliminación del enclave colonial. Estados unidos vetaba todas las iniciativas del gobierno panameño para alcanzar su objetivo de revertir el canal a manos panameñas y firmar un nuevo tratado.

En esa sesión Estados Unidos vetó la resolución de apoyo a Panamá y China votó a favor de Panamá. Pero recuerdo también que hubo un duelo verbal entre el delegado chino Huang Hua y el delegado ruso.

Cuando los amigos chinos de Xinhua me preguntan por la visualización de las relaciones entre China y Panamá, les señalé que el general Torrijos admiraba mucho a los chinos, pero tenía presiones de Estados Unidos.

LA VISITA QUE  NO OCURRIÓ

Pocos años después, cuando ya no era director del diario Crítica, y me había refugiado en la radio al fundar un programa junto a Mario Rognoni, “Parámetro Informativo, que se ancló en la Radio TV2 por oferta generosa de Olmedo Miranda, los chinos se acercan mucho más.

Mi padre seguía en funciones alrededor de la Asociación de Amistad Chino-Panameña, y por ese conducto se pudo realizar una gran exposición de productos chinos en las instalaciones de Atlapa.  El discurso estuvo a cargo de mi padre. El general Torrijos va a dicha exposición y su presencia allí sería la última aparición pública suya antes de su muerte trágica.

Pero adicionalmente, por gestión de esta asociación se había realizado una cena para festejar la reanudación de relaciones entre China y Estados Unidos. Ocurrió en el restaurante InterChina y a ese importante evento acudieron diplomáticos norteamericanos y una gran cantidad de ciudadanos chinos, amén de la sociedad panameña. Otra vez, “Pito” Murgas fue el oferente.

Lo triste es que mi padre no conoció jamás China. Estaba invitado especialmente a un viaje y debió suspenderlo ante la inesperada muerte de Omar Torrijos, de quien era su amigo y consejero en temas constitucionales.

Entre reuniones sociales y conversaciones tranquilas, los amigos de Xinhuá me expresaron su deseo de traer una delegación de periodistas a Panamá, en un momento crucial cuando ocurren reformas constitucionales en el país y era época de elecciones presidenciales.

Invité a la delegación china compuesta por cuatro periodistas, y como pude, con el respaldo de amigos y conocidos, y el apoyo increíble de Oydén Ortega, se tramitaron las visas.

La obsesión de ellos era conocer Contadora por el prestigio del Grupo de Contadora, y tuve que llevarlos a la isla. Alguien me facilitó el avión y otros amigos pagaron el almuerzo.

Lo anecdótico fue que, educados en la memoria histórica, ellos querían posar justo en la mesa donde se reunió el Grupo Contadora y nadie sabía eso. De modo que conseguí la mejor mesa, una donde se jugaba bacará.

 Les dije que allí se había firmado la cartas de constitución de Grupo Contadora, que buscaba la paz en Centroamérica. Sin duda un gran hecho histórico.

Siguiendo en mi papel de anfitrión organicé con los pocos recursos económicos que tenía, un cóctel de bienvenida en el prestigioso Club Unión. A este evento asistieron los corresponsales internacionales y periodistas locales. No hubiera sido posible sin la ayuda de mi amigo y socio Mario Rognoni.

Estábamos a dos días de la posesión de Nicolás Ardito Barletta como presidente de Panamá y pude conseguir una cita previa para una entrevista de ellos con el presidente electo.

Meses después, me invitaron de manera oficial de nuevo a China, esta vez a acompañado de mi pareja. Pero era una visita oficial.

Encontré una China completamente transformada, relativamente en apenas poco más de una década. Se reflejaban los cambios promovidos por Deng Xiao Ping. Todo me resultó cambiante y muy positivo. Se palpaba la evidencia de una verdadera revolución industrial y la apertura económica y política hacia el mundo, aunque controlada por un Estado fuerte. Discotecas, la revolución del karaoke en pleno auge, la presencia de marcas comerciales y de moda del mundo netamente capitalista, muchos más autos en las avenidas; no obstante, seguía predominando la movilidad en bicicleta. El tren ya no era ruidoso y en el recorrido por la muralla la sorpresa fue distinguir entre los caminantes a un chino obeso.

Por mi cuenta he regresado a China en más de tres oportunidades. También fui invitado junto a una delegación amplia de periodista panameños.

Mi más reciente visita ocurrió hace un par de años y estuve en Shanghai, Shenzhen, Hong Kong, Cantón, Beijing. Ahí me di cuenta de que la apertura de relaciones entre ambos paises estaba muy cerca. Los chinos me dijeron que el país que más invertía en China era Taiwán. La división de las dos chinas se estaba pareciendo más bien a una disputa de ídolos. La realidad es otra.

En uno de esos viajes me encontré a uno de los periodistas que estaban en Panamá en representación de la agencia de noticias Xinhuá, cuando fui invitado por primera vez a China. Me abordó con cariño y me dijo: “El tiempo le dio la razón. El camarada Confucio ha vuelto a ser reivindicado”.

Recuadro

CHINA: EN EL RADAR CONFIDENCIAL DE LOS PRESIDENTES

En medio del mandato de Jimmy Carter, el doctor Aristides Royo, entonces presidente de Panamá, inició contactos para iniciar relaciones con China. Esta iniciativa fue comunicada previamente al gobierno de los Estados Unidos.

El presidente Carter llamó a Royo y le dijo: Presidente, tuve muchos problemas con el senado de mi país para votar el Tratado (Torrijos-Carter). Con gran respeto le digo que busquemos otra oportunidad para esas relaciones. Esto es muy fuerte para el senado estadounidense.

El presidente Royo le respondió: “Presidente, después de lo que ha hecho por Panamá, no tenemos derecho a decirle que no”.

El gobierno de Ernesto Pérez Balladares, tuvo la misma tentación de entablar relaciones con la República Popular China. De manera directa y respetuosa le avisó por la vía diplomática a Taiwán de dicha decisión. Había negociaciones muy adelantadas.

Lo sorprendente para el Toro, es que la propia China echa para atrás las negociaciones, producto del escándalo provocado con la negociación del puerto de la multinacional china Hutchinson.

“Preferimos que ustedes recuperen plenamente el Canal y abrir relaciones puede resultar imprudente hacerlo antes”.

Pérez Balladares llamó a los taiwaneses y les dice: ”Vamos a seguir manteniendo nuestras relaciones”. Entonces se sorprenden y envían a un emisario de alto perfil a Panamá a hablar con el gobierno. El resultado de estas conversaciones fue un crédito no reembolsable por 300 millones de dólares que fue depositado en el Banco Nacional. Con esos recursos, se inició la ampliación de la autopista Panamá-David.

El presidente Martín Torrijos también intentó abrir relaciones con China, y en un punto importante de estas negociaciones, China y Taiwán convienen lo que se conoce como la firma de   una “tregua diplomática”, que consiste en respetarse cada uno los territorios y países en los cuales cada cual tiene establecidas   relaciones diplomáticas. Es un pacto de no agresión diplomática. De manera que China comunicó al Gobierno panameño su desistimiento de entablar relaciones con Panamá por respeto a ese acuerdo firmado con Taiwán.

Como se sabe, la tregua diplomática fue rota por la presidenta de Taiwán Tsai Ing-wen, posesionada en 2016, quien inició su presentación como nueva mandataria con un discurso agresivo en abierta oposición a China.

Taiwán ha mostrado su disgusto a Panamá por el inicio de relaciones de nuestro país con China, y canceló ipso facto todo tipo de comercio, intercambios culturales y demás convenios, que crearon perjuicios momentáneos a comerciantes, estudiantes y empresarios de este lado. Fue una respuesta dura en términos diplomáticos. Quizás sea parte del estilo de gobierno taiwanés. Pero también es cierto que el gobierno de Juan Carlos Varela, cometió la imprudencia o la impericia de no informar adecuadamente y a tiempo su intención de entablar relaciones con Beijing. Gajes de la diplomacia, que los chinos sí conocen y practican muy bien.

 

Last modified: March 12, 2018

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