José Franco: El silencio del poeta

Written by | Crónica, Entrevista

Los 100 años del Canal de Panamá sorprendieron a José Franco, el poeta de la nacionalidad,  puliendo una saga de cuatro novelas cortas que esperan pronto su redención en los talleres de imprenta y un tomo de poemas de un lirismo profundo.

Por Jorge Iván Mora

Hacía dos años que no lo veía, ni siquiera en la obligada distancia de la pantalla de televisión cuando aparecía opinando sobre lo divino y lo humano, de mañana en mañana, en una estación local.

Me preguntaba si se había refugiado en su propio silencio, como lo hacen los poetas cuando creen que sus versos ya no estremecen el cosmos.

O cuando deciden por dignidad con los tránsitos del tiempo abandonarse en solitario a coleccionar fantasmas variopintos que juegan en sus memorias resignadas.

No. Lo encontré, como siempre, en compañía de su amada Chela, la esposa, tendido en una hamaca del  séptimo piso de uno de los modernos edificios de apartamentos erigidos en el sector de San Francisco de La Caleta, repasando la actualidad de Panamá, y pulseando de nuevo los mandatos de su férrea conciencia nacionalista a través del pulimento final de una saga de cuatro novelas cortas que están en la vía final para su impresión y cobijadas bajo el título de Conspiración de Silencio.

Estamos en agosto, mes especial, temporada de vientos y epicentro de la celebración centenaria del nacimiento del Canal de Panamá.

El poeta de la patria, José Franco, no aparece en los programas oficiales, o en las mesas honoríficas iluminadas por las luces de fiesta de los ingenios de la pirotecnia, que estas noches han engalanado el orgullo nacional, para celebrar con las multitudes el magno festejo que honra la portentosa vía interoceánica.

José Franco, el hacedor lírico de Panamá Defendida, el libro de versos que se adelantó con valentía a defender una nacionalidad, un país, una identidad, un territorio, y que le ha dado la vuelta al planeta en numerosos idiomas, no ha estado incluido esta vez en los programas oficiales del onomástico.

El asunto no es para indagarlo. Es de suponer que otros personajes y otras historias heroicas y con indudables méritos habrán ocupado la atención de los gestores culturales de estos festejos. Hay olvidos que ocurren. Y hay recuerdos que no necesitan ser llamados, como lo afirmó en vida el poeta Juan Gelman.

 

El hombre y su destino

Franco, por su parte, no ha olvidado su destino de poeta, su saña de decimero y sus dotes de guerrero del intelecto cuando se sumerge en la narrativa.

No se crea que la saga Conspiración de Silencio, ha sido carpintería literaria de los últimos dos años, sino el resultado de múltiples cavilaciones íntimas, preguntas, indagaciones, visitas juiciosas a otros países donde reposa información acerca de las riquezas subacuáticas almacenadas en los mares profundos panameños. Se trata de una tarea de varios años.

Esas hazañas de escribir con fundamento para rescatar la memoria cultural de un país o para crear literatura o refrendar la Historia, hay que hacerlas con sabiduría de orfebre.

Dotar a los personajes de sustancia y vida en sus relatos ha sido labor rigurosa, disciplinada y puntual que  al poeta  Franco jamás le ha faltado.

En agosto de 2006, me concedió una larga entrevista y precisamente aquella ocasión fue propicia para conocer dos de sus cortas novelas: Las Luciérnagas de la Muerte y Operación Plutonio 239, incluidas ahora en esta saga , que recogen el drama de Panamá porque la primera relata la invasión estadounidense al istmo en 1989 y la segunda da cuenta de la peligrosa contaminación derivada de los viajes de cargamentos de plutonio que han cruzado por el Canal en portentosas embarcaciones japonesas y tomados como desechos nucleares para el reciclaje.

Aquella vez dije que quien hubiera leído esas dos novelas cortas pudo saber que el amor se encoge en las sombras de los muertos que iba dejando la invasión a Panamá, y que se fugó irredento con el horror dibujado en los dolores colectivos de pecho que se quedan para siempre en el ánima de un pueblo ante la ocurrencia de un desastre nuclear. O una invasión. O una guerra.

 

Obsesiones de narrador

Al hacer lectura de los borradores de Conspiración de Silencio, en conjunto (Secreto Dorado, Un tiempo vacío, Las Luciérnagas de la Muerte y Operación Plutonio 239), advierto la presencia de personajes que cambian de aspecto físico y de nombre en cada historia pero que esencialmente vienen a ser uno solo en sus dotes sicológicas, en los ademanes ideológicos, en la advocación del discurso político o aún en los trasfondos vivenciales del amor erótico.

El recurso literario es válido. La insistencia del autor pudiera derivarse de una necesidad intelectual de patentar desde la narrativa el significado político de  hechos ocurridos en Panamá y que carecen, a su juicio, de una mirada crítica.

El discurso en realidad es una denuncia y eso lo hace político, que  no sesgado por las inmadureces ideológicas de las militancias partidistas de cierto extremismo cultural, que pretende alienar la creación artística o literaria con moldes ideológicos impositivos y sectarios.

Julián Arenales, Javier Martínez, Alejandro o Fernando Arellano, son voces parecidas que se adueñan de los espacios y el tiempo que el autor les asignó en sus roles particulares y literarios. Denuncian, sí, pero resienten y aman como seres normales, y de pronto llegan a ser nostálgicos.

Igual diría de Adriana, Lucía, Maria del Pilar, Mariana, Ferrara, y Maria Luccía.

Todos ellos van y vienen en recuerdos y se mueven en la remembranza de los paisajes propicios de la infancia rural panameña, acicateados por esos deslumbramientos que provocan los caminos de lluvia, las majestades de los ríos bucólicos, el ensimismamiento de la mirada puesta en la lejanía de las montañas brumosas.

“Volvió a esa tumba olvidada, veinte años después del entierro de su madre, y sintió en ese momento que su vida retrocedía en un tiempo perdido en su memoria. Era una tarde lluviosa de octubre, y los truenos se oían como explosiones en los cerros lejanos. Los relámpagos semejaban reptiles de fuego que rompían un crepúsculo bermejo y siniestro. El agua corría por los caminos como arroyuelos invictos. De las cumbres de las montañas descendían los vientos furiosos, que limpiaban la tierra pisada por mulas cargadas de carne salada de monte y de granos maduros de cafetales de altura”.

 

Así alza vuelo Secreto Dorado, el primer relato de la saga.

Es la prosa poética del bardo curtido en las compulsiones líricas del alma, y del decimero probo y obstinado, que jamás renuncia a volver de donde vino para elevar la poesía y verterla en la sublimidad de un pedazo de tierra.

En el discurso reflexivo hay filones de  filosofía profunda: ”la vida dura la eternidad del propio hombre”.

Es pródigo en la décima y esos hombres que tienen nombres de pueblo y que de pronto hablan con la fluidez de ciudadanos del mundo, son a la postre cantores populares extraviados en las embriagueces de la melancolía del tiempo.

A la final, Conspiración de Silencio, es un hecho literario escrito a la manera de José Franco, que hechiza especialmente cuando el relato se deja sugestionar por esos vuelos repentinos de la lírica, y que afirman la grandeza del poeta o trazan verdaderos poemarios en prosa.

Aquella mujer culta y bohemia esposa de diplomático, que cruza de a pie el lodazal que la distancia de su casa de descanso en las playas de Coronado, y se pierde sin escrúpulos  en los retozos prohibidos de su amante en un motel descontinuado, maloliente y abandonado, seguramente prefiere ese riesgo que la devuelve a la vida, porque en los sudores de la furia carnal, en la consumación extrema de las libaciones,  en el descanso de los sentidos ahogados en caricias y la ruta afiebrada y vuelta a comenzar en la que se empecinan una y otra vez sus desnudos cuerpos, asoman los dones del verso, esa sensación que transforma el ánimo y descubre senderos.

¿No es hermosa y simple la conclusión alicorada en las sombras de la madrugada de que la poesía son los ojos de una mujer o el camino que espera?

¿No es mágico un panteón de las ánimas cerca de donde los muertos duermen de pie?

¿No es maravilloso redescubrir el significado y la función vital de palabras extraviadas del castellano o el español que se esfuman en el día a día  gracias a la distorsión que el uso indebido de las tecnologías de comunicación le ha venido imponiendo al lenguaje?

Me anticipo al hecho principal de que Conspiración de Silencio, aún no está entre moldes de imprenta y no conoce la luz de la calle, y a un momento en que también ha transcurrido La Feria Internacional del Libro aquí.

Tal vez quiera decir con ello que el poeta vivo de la nacionalidad está entre nosotros, aunque no figure en los anaqueles de moda esta vez.

 

El poeta y su destino

Hay una distancia cronológica que oscila entre aquel año de 1954 cuando José Franco escribió Panamá Defendida y 2014, año de la celebración de los 100 Años del Canal de Panamá.

El libro de Franco ha sido descrito como un grito lírico de la historia panameña y continental, clásica y profética,  y se multiplicó mundialmente como una obra  literaria y patriótica y al poeta le validó su condición de poeta de la nacionalidad.

La obra del Canal de Panamá es portentosa, una maravilla de la ingeniería, y un símbolo de amor a la Humanidad.

Digo con algo de ambición romántica que no por viejos, los versos de José Franco en Panamá Defendida, perdieron su gracia. Al contrario, la poesía, cuanto más profunda y depurada más se renueva en el tiempo.

El Canal es la historia de Panamá defendiéndose por medio de sus asombros. Quizás Franco, sin desearlo, ha llegado a ser su poeta profético.

Hay una confesión que quizás resulte tan personal como verídica: hace como dos años se alejó de los medios porque se dedicó a escribir poemas y a pulir la saga de las cuatro novelas.

“Memoria de la Patria”, es otro libro en obra negra de poesía lírica, sin matices políticos, un regreso a los sonetos y a las décimas, un retiro espiritual hondo y hermoso que abarca cerca de 300 poemas y cuya idea es que sea una obra póstuma.

Cuando el poeta habla del Canal se endurece: “la soberanía está incompleta”. Y sostiene que en Panamá no han contado los muertos y han agarrado una bandera demagógica al referirse a las palabras del general Omar Torrijos Herrera, aquella vez que sentenció: “Si caigo, sigan adelante”.

Torrijos se refería, dice el poeta Franco, a que había que seguir luchando para que el Canal de Panamá fuera totalmente libre y soberano, que continuaran las negociaciones para eliminar la Enmienda De Concini, una enmienda del senador De Concini que agregaba una cláusula que garantizaba a EEUU el derecho a intervenir militarmente en el canal: “Si el canal fuera cerrado o sus operaciones no se pudieren efectuar… los EEUU tendrán el derecho de tomar las medidas necesarias… incluyendo el uso de la fuerza militar…” .”Soberanía resignada es lo que tenemos”, concluye Franco.

Entonces repasamos su quehacer, que ya no ostenta en los lomos de lo que era su biblioteca particular. Hay apenas libros dispersos, hojas sueltas, escritos, legajos, porque todo lo que pudo atesorar de conocimiento está en su mente. Lo vital y lo estremecedor, lo dulce y amargo.

“La literatura hay que hacerla con más pudor”, y sostiene además que así como hay una inflación monetaria hay una inflación bibliográfica. “Ahora no escriben, publican”.

Siente que la juventud lo reconoce y que los grupos intelectuales lo respetan mucho. Y está convencido que su mayor orgullo es el cariño popular. “Me la pasé renunciando a todas las bribonadas donde he trabajado. Eso lo sabe el pueblo. Yo noto el cariño popular”.

Posee varios doctorados Honoris Causa que nunca los usa. Recuerda con el suspiro risueño de los tiempos idos, que hubo una época que cantó muchas décimas y que iba de pueblo en pueblo, como los juglares.

Y remarca con aire de indignado cuando alude a la historia de Panamá. “Aún no se sabe la verdad. Hay una cobardía tremenda. El miedo ha sido el gran problema intelectual en Panamá”. Y calla por un rato suficiente como confirmando que frente a esa cobardía no parece que haya mucho qué hacer.

No está conforme, sin embargo, consigo mismo, porque algún verso se desprende de sus palpitaciones y se posa en esa Memoria de la Patria, que quiere guardar para que otros disfruten en los ejercicios póstumos de la poesía y la literatura. Por ahora espera a que Conspiración de Silencio, la saga de cuatro novelas cortas, se apiade de sus lectores y salga a las calles a contar amores y de algún modo a denunciar olvidos. Es su destino.

Last modified: 20/12/2018

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