El policía que llegó de Washington

Written by | Crónica, Entrevista

La Policía Nacional siempre está en la lupa de la opinión pública por tratarse de la institución que protege y garantiza la seguridad ciudadana. Aunque la impunidad no solo se mide con las acciones policiales sino que abarca el aparato judicial, entre otros sujetos, resultados de este año para América Latina  y El Caribe de un estudio especializado sobre Índice Global de Impunidad (IGI) ubican a Panamá entre los siete países  con el menor índice. Hay impresiones que no favorecen,  estrategias  que no se conocen a profundidad y resultados que apuntan al alza en la favorabilidad de la imagen. Conversación acerca de la vida y obra de su director Omar Ariel Pinzón.

 

Por Jorge Iván Mora

Fotografía: Jorge Rubio

Departamento Relaciones Públicas Policía Nacional

Soñaba de niño con vestir los trajes solemnes de la Guardia Nacional o las Fuerzas de Defensa. Fue un embrujo poderoso porque hasta su padre barbero tuvo que acostumbrarse a que el corte de cabello que el chiquillo exigía era el corte militar.

Por esos amores con las galas marciales fue a estudiar cuarto, quinto y sexto grado en el Instituto Militar General Tomás Herrera, recién fundado en el año 1974 y cuyos egresados recibían el título de Bachiller en Ciencias.

Pero como afirma uno de sus nostálgicos egresados, Álvaro Lasso Luke, en un escrito de casi una década atrás, la mayoría, al ingresar al colegio, tenía solo 15 años de edad, y los jóvenes estudiantes tenían que demostrar que eran responsables en sus estudios, debían cumplir con todas las exigencias de una escuela con disciplina militar y encargarse de sus propios enseres. También tenían que ser buenos compañeros y destacarse en el deporte, entre otras actividades.

No fue Pinzón Marín, ajeno a esos mandatos y rigores. Estaba psicológicamente ambientado para asumirlos debido a su marcada vocación.

En su adolescencia fue destacado deportista y ha seguido practicando durante buena parte de su vida casi todas las modalidades deportivas, pero el ciclismo y el atletismo son los deportes que más lo han acompañado en sus carreras por la vida.

Más por distracción que por convicción ingresó a la Universidad Tecnológica a estudiar licenciatura en ingeniería electro-mecánica, pero no se encontraba y no llegó al año de estudios.

Tenía la mente puesta en pertenecer, algún día, al templo mayor de la vida militar, las Fuerzas de Defensa. Y por eso no se cansaba de visitar mes a mes su departamento de becas  en busca de que le asignaran una de las que allí se ofrecían.

La consiguió en un día sorprendente. Lió bártulos y llegó a Bogotá, a la Escuela Militar José María Córdova, de donde salió graduado tres años después como ingeniero militar.

A su regreso quedó trabajando en el G5, una dependencia ligada técnicamente a su formación requerida y destinada principalmente a desarrollar proyectos de obra civil y cumplir misiones cívicas. En estas tareas llegó la invasión y después de la crisis ingresó a la Policía Nacional en el año de 1990 como subteniente.

 

Carrera de policía

Para Pinzón Marín, el servicio policíaco era un tema desconocido. Tal vez lo era para  todos los militares que entraron a conformar el cuerpo policial, viniendo de escuelas estrictamente militares y de pertenecer a un cuerpo militar, que fue abolido.

Como él mismo lo advierte, “había que especializarse”. Entonces concursa para estudiar en la Escuela de Carabineros de Chile por un año y se gradúa de Perito en Criminalística. Regresó a ocupar cargos desafiantes. Se trataba de  la lucha contra el crimen organizado, y en aquellos tiempos, contra bandas temibles que asaltaban, casi que en serie programada, los bancos de la ciudad capital principalmente.

Aun así distribuyó sus tareas y sacó tiempo para estudiar Derecho y Ciencias Políticas en las universidades de Panamá y la ULACIT.  A su vez empezó a realizar cursos y preparación física como complemento a su carrera y luego ya en su calidad de oficial superior hizo un curso de alta gerencia en estados Unidos, otro, muy exigente, de Comando y Estado Mayor en el  Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, (whinsec, por sus siglas en inglés) en Georgia, durante un año, institución  que vino a reemplazar lo que antes fue conocido con cierto temor por parte de activistas de derechos humanos como Escuela de las Américas.

Regresó a Panamá en calidad de Comisionado de la Policía Nacional, y ocupó el cargo de Jefe de Información Policial, no sin desconocer que a esas alturas su preparación equivale en grados técnicos a la de coronel.

 

Institución y tareas

Pero en términos ciertos, el modelo de policía panameño es muy norteamericano y Pinzón Marín, conoce a fondo cada paso formativo, técnico y de inteligencia aquí y allá, lo cual, ha debido ser  primordial en su carrera, para poder llegar a la cúspide de la institución policial.

Aun joven como cuerpo al servicio de la ciudadanía, la madurez de la Policía Nacional es notoria, si se comparan los resultados de  su incipiente nacimiento a partir de la crisis provocada por la invasión estadounidense y el desmantelamiento de las Fuerzas de Defensa. Hubo que arrancar de ceros.

A Omar Ariel Pinzón Marín, le llega su nombramiento de Director con el advenimiento del nuevo gobierno a cargo del presidente Juan Carlos Varela, pero lo sorprende en Washington, donde se desempeñaba como Agregado de Policía y Representante de Panamá ante la Junta Interamericana de Defensa, JID, de la cual llegó a ser distinguido como su cabeza visible.

La visión del policía del siglo XXI es en todo caso muy semejante en todos los rincones del mundo, y si hablamos de América Latina, ni se diga.

La globalización ha contribuido a eliminar barreras que hoy lucen anticuadas y hasta ridículas en temas de seguridad. Los cuerpos policiales de la región trabajan bastante cerca y comparten información para poder enfrentar la transnacionalización del crimen organizado.

De manera que no es extraño ni descabellado que policías panameños puedan estar involucrados en operativos conjuntos con países vecinos o viceversa. Y esa tendencia, cada día más fortalecida, es saludable, si hablamos de bienestar de las ciudadanías y de seguridad nacional, un concepto trillado y usado por políticos ignorantes, que suelen emplearlo para alarmar a la población y seducirla con discursos nacionalistas trasnochados.

En Panamá la Policía Nacional ha crecido en número de miembros y en concepto institucional. Y puede ser que no estemos hablando de proporciones óptimas con relación a lo que corresponde en las simetrías científicas de tantas unidades de policías por determinado número de habitantes. La media no se sabe cuál es, pero Estados Unidos tiene 254 por cada 100.000 habitantes. En Europa,  España, tiene 486, Italia 471, Francia  408 y Bélgica con 377 policías. Panamá estaría en 163.

Esos temas, los esquiva Pinzón Marín, tal vez con razón. Su institución trabaja con lo que dispone, pero además, no es poca cosa. Ahora hay un cuerpo de 17,000 hombres activos y un total de 18,400 hombres acreditados.

En Bogotá, la capital colombiana, con más de ocho millones de habitantes, hay asignados 17,000 hombres del cuerpo de la Policía Nacional. Ya es un tema de campaña electoral. Quince años atrás disponía esa ciudad de 22,000 hombres. Pero son paradojas de la política de allá.

Aquí el asunto luce distinto. Deberían existir más policías, y la realidad es que los presupuestos no dan. Sin embargo, hay programas que la ciudadanía en general no conoce, y es ahí donde tal vez, no ha sido suficiente el trabajo de divulgación, para que la ciudadanía también cumpla con su parte y se establezca un clima de confianza de doble vía.

El Comisionado y director, entonces, hace a un lado las cifras consolidadas de sus programas para no entorpecer el diálogo, y enfatiza en la esencia de sus contenidos. En la sustancia.

 

Percepciones y resultados

Aquí surge la bendita aberración de referirnos a otra denominación lingüística al borde de la desvalorización, la llamada percepción ciudadana.

¿Cuál es la percepción de seguridad de la ciudadanía en estos tiempos de crecimiento económico y desbordamiento de la locura colectiva por conseguir el éxito que promueven los publicistas de marketing?

A Pinzón no le asusta la percepción. Es un policía, que en el argot castrense llamaríamos tropero. Es decir, no es de escritorio, conoce y sale a la calle, está formado en táctica y estrategia policial y también en derechos humanos y sabe por dónde va el agua al molino con los desequilibrios sociales. Esa es ´la percepción´ nuestra de sus valores surgida en esta conversación.

De allí que esta sea una pregunta apropiada para referirse a los resultados de sus programas, poco publicitados en los medios, pero que reflejan la ambición global de la institución en su vocación de ser la mano protectora de la ciudadanía.

Entonces dice que la atención ciudadana es multidimensional y la policía debe estar preparada para enfrentar múltiples tareas. Y como tiene esa visión y cree con firmeza en ella, le apuesta a los programas de especialización de su cuerpo policial.

Se ha impuesto desarrollar varias estrategias para conseguir el crecimiento moral de sus hombres y la dignidad que reclama en el mundo de hoy ser policía.

Hay policía comunitaria, policía de investigación judicial, policía de inteligencia. Policía de control de multitudes, policía de tránsito. “No podemos crear una policía de atención a la mujer, por ejemplo, pero sí podemos preparar al policía cómo debe proceder en casos de maltrato”.

Y expone lo siguiente: “los problemas sociales son motivados por el crecimiento económico. Y el narcotráfico nutre las pandillas, destruye hogares y genera homicidios. Esto es a nivel mundial”.

Los índices de homicidio han mejorado y en el caso de Colón, el ambiente de seguridad es otro, a pesar de que suceden acciones criminales. Ahora parece más notoria esa tendencia al robo de celulares y la modalidad de robo a  los autos para sustraerles partes y hacer un mercado negro con farolas, marcas metálicas, espejos. Son acciones delictivas que desestabilizan el clima de seguridad porque alteran a los ciudadanos, puesto que suceden en las barriadas, en los centros comerciales o en los autobuses y a cualquier hora.

El Comisionado Pinzón, no se defiende, simplemente comenta, que mediante un trabajo de inteligencia, pues crearon un departamento antipandillas, con labores consagradas de muchos meses, un equipo laborioso en funciones, han logrado desmantelar las principales bandas de atracos y asaltos a la ciudadanía. Son pandillas de jóvenes. La banda Gourmet, que azotó restaurantes, está fuera de circulación y tenía como base de operaciones y refugio el sector de Santa Ana. “Son muchachos delincuentes de Santa Ana”. Igual sucedió con la banda Los Marcadores, que fue desarticulada.

Han descubierto y actuado en consecuencia con colaboración regional. “El 60 por ciento de las armas decomisadas no estaba registrada en Panamá. Provenían de Costa Rica. Y se allanaron 17 empresas con el fin de establecer el origen y el contrabando de esas armas”.

Es que Pinzón Marín también es el presidente de Centro América del Grupo Contra el Narcotráfico. “Formulamos estrategias y operaciones para neutralizar el crimen organizado en la región. Y hemos establecido que ahora el narcotráfico es de células”. Por eso tiene claro que la asociación de pandillas es para defender mercados y no territorios. Al desarticular las pandillas (actualmente hay 474 pandilleros presos), se golpea la economía del microtráfico. “En Panamá podemos decir que tenemos resultados buenos, la comunidad nos apoya bastante”, reflexiona el Comisionado Pinzón. ¿Pero qué tanto sucede en esa colaboración?.

 

Respuesta Ciudadana Y Programas

¿Qué tan conscientes somos los ciudadanos del apoyo que hay que prestar a la policía para su éxito contra la delincuencia? ¿Cómo confiar en el policía y el policía en el informe ciudadano?

El Comisionado dice que su apuesta en este sentido es a la prevención. “Los programas de seguridad ciudadana están implementándose a nivel nacional y parten desde la  pedagogía en las escuelas con los jóvenes”.

En el programa de Barrio Seguro, lo que está haciendo la Policía es participar con equipos interdisciplinarios del Ministerio de Educación y del Ministerio de Seguridad, para capación del individuo. “Se les prepara en los barrios para un oficio, acompañado de fortalecimiento espiritual. Se busca con ello el cambio del individuo para disuadirlo de engrosar el pandillerismo. Es un plan de un año de funcionamiento”.

Mirada a la estrategia

El informe oficial de aplicación de toda esta estrategia señala que en lo que va del año, un total de 59 mil 239 estudiantes han sido integrados a los programas preventivos que lleva adelante la Policía Nacional a través del Servicio de Policía de Niñez y Adolescencia en los  planteles educativos del país.

Durante este periodo de tiempo, unos 527 planteles educativos a nivel nacional han recibido la visita de unidades policiales, quienes a través de charlas y otras actividades han orientado a jóvenes sobre cómo apartarse de actividades ilícitas.

Pero hay programas de vecinos vigilantes, hoteles vigilantes, restaurantes vigilantes. Hay criterio para ello: “lo que vemos en la calle no se resuelve con policías solamente. Hay que contar con la ciudadanía”.

Estos programas son en efecto acciones preventivas de las que habla el comisionado Omar Pinzón, y según los estudios internos realizados por sus unidades de seguimiento, han permitido reforzar los canales de comunicación entre el ciudadano, empresarios y la primera institución de seguridad.

A la fecha hay 1,171 grupos o programas de Vecinos Vigilantes, 34 programas de Comercios Vigilantes, 86 Bancos Vigilantes, 44 Piqueras de taxis y buses, 300 Restaurantes Vigilantes, 63 Hoteles Vigilantes, y 4 Universidades Vigilantes, se han inaugurado en todo el país.

Uno de los últimos programas inaugurados fue  “Ganaderos Vigilantes”,   en la provincia de Veraguas y en la Provincia de los Santos aglutinando  más de 100  empresarios  dedicados a la  ganadería que decidieron dar el paso y unirse a la Policía Nacional para no darles tregua a los delincuentes.

Con el caso de los bancos los resultados son inmejorables. “Ochenta y seis entidades bancarias se reúnen periódicamente para evaluar sus estrategias y reforzar el programa de Bancos Vigilantes”.

 

En cuanto a la reacción inmediata de la Policía en caso de utilización del famoso 104, las nuevas tecnologías vienen en camino. “El Sitispol es un sistema de gestión completo. Cuando la llamada entra se despacha a un operador y a partir de allí todo queda registrado. Todo lo que sucedió, cuándo y cómo quedó el caso”.

Hay también un plan para mejorar y ampliar los sistemas de video vigilancia, con programas actualizados, radios GPS y a los vehículos se les está cambiando el sistema,

“El complemento tecnológico nos permite mejorar el tiempo de respuesta”.

Igualmente se ha implementado el servicio policial en moto. Hay 120 en la ciudad capital y equipo. “Antes un problema de tránsito se resolvía entre 8 y 10 horas. No había motos, no había carro para desplazar al policía que atendiera el accidente. Hoy el promedio de reacción es de 45 minutos. Y aspiramos a llegar a los 15 minutos. Si el tránsito no llega a los 15 minutos, el policía debe llegar a los 20 minutos máximos. Ese el diseño en el que se trabaja”

Actualmente, Pinzón Marín trabaja en la estrategia de neutralizar los hurtos y en una ley de tránsito. “Todo mundo cree que puede manejar borracho”.

Pero en el tema de homicidios es autocrítica y reconoce que había mucha impunidad. “No estábamos siendo eficientes en investigaciones por homicidios. Estábamos al 40% y hoy estamos al 70% y quiero llegar al 90%”.

En fin, el rol de la policía, es tan cotidiano como lo son sus retos y la exigencia ciudadana de resultados.

Seguramente falta presupuesto para aumentar las campañas que pueda adelantar esta institución encargada de la seguridad de todos. Programas los hay. Las tecnologías son importantísimas en estos tiempos. Indispensables. En eso anda el director, implementando las que requiere de primera mano. Faltan las manos amigas de la ciudadanía para empalmar los roles y suscitar confianza. A lo interno, la depuración por corrupción, no se ha hecho esperar. Pinzón la reconoce, y la está combatiendo con un equipo asesor experto en estas lides. Ya hay bajas, solo que como siempre, abordarlas en una entrevista, para un policía al mando como él no es fácil. No es un tema para estadísticas. Pero hay trabajo de limpieza. Sin embargo para hablar de lo folclórico y recurrente, “el salve” o “la coima” o “mordida”, es un asunto cultural inmerso en la genética policial desde tiempos inmemoriales cuando ligar a un policía con un par de dólares parecía un acto de bondad y no de corrupción. “Hoy Pinzón  lucha por salarios dignos que en promedio por unidad de base llega a 800 dólares, promueve programas de vivienda y sistemas de seguridad social ampliados para ir cambiando esa cultura por el respeto a la figura del policía y del policía con su futuro y el honor de la institución. Hay planes de préstamos con la Caja de Ahorros para vivienda, y programas de capacitación y ascensos. “Empezando de abajo el policía puede aspirar y se le brindan incentivos. Por eso tenemos entre nuestros miembros, abogados, administradores de empresas, técnicos y  deportistas destacados. Y un equipo de fútbol, Sociedad Atlético Nacional. Juega en la Liga Panameña de Futbol”.

Hay en acción 800 miembros actualmente en cursos de preparación como linces, o en cuerpos de investigación criminal, cuerpos de capturas, tenientes y sargentos. ”Toda preparación y especialización lleva Derechos Humanos”.

El director de la policía tiene mucho que decir y también prefiere mucho por callar. Es la norma del buen policía según los protocolos clásicos. No quiso señalar su peor día como uniformado. Pero tiene como su día más feliz la noche de gala del Premio al Mejor Policía, porque sintió como suya la alegría y emoción del ganador, un subteniente de Colón. Y entonces recuerda: “Ser policía es una carrera”.

Nos despedimos. Y la gente de relaciones Públicas nos honra con un suvenir de la institución. Y una pluma solicitada, sin ánimo de lucro, para escribir los apuntes porque la del oficio, esta vez falló. Desde entonces escribo a mano pensando en la policía. Qué buen truco. Y pienso en el niño de Calle J en Paraíso de San Miguelito, que le exigía a su padre barbero el corte militar en su cabello porque quería ser militar. Y lo consiguió. Ahora es policía. Y llegó de Washington.

Last modified: 20/12/2018

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