Los consejos de Laura Chinchilla

Written by | Entrevista

@labuendía

La ex presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, tiene mucho que hacer. Desde su salida del Gobierno, colabora con varias organizaciones internacionales. Es vicepresidenta del Club de Madrid, que agrupa a más de cien ex jefes de Estado, se ha desempeñado como profesora en universidades de la región y asegura que ha disfrutado mucho ese papel en México, Brasil, Estados Unidos. Finalmente, decidió con un grupo de centroamericanos crear una empresa que profesionalice de alguna manera el análisis de riesgo político, sobre la base de que los mayores riesgos que se generarán hacia adelante vendrán de la mano política. Por eso, se propone a ayudar al sector corporativo a navegar en esos mares tormentosos, mares a los que se enfrentó entre el 2010 y 2014 como presidenta de Costa Rica, y del que todo indica salió bien librada.  Aquí sus consejos para los actores importantes del acontecer panameño:

Latinoamérica lucha por recuperarse de los avatares políticos económicos en los que se vio envuelta gracias a los tentáculos de la corrupción.  En Panamá, un nuevo gobierno ha llegado con la promesa de mejores días, ¿cuál debe ser el camino para lograrlo?

En el fondo lo único importante y lo primero que debe hacer un país que quiera crecer de manera sostenida es generar confianza.  Los actores económicos, no sólo el empresario local, sino el inversionista está en búsqueda de oportunidades y lo primero que se preguntan es cuán segura serán las reglas. Tenemos que reconocer que, en América Latina, aunque hay mejoras en los aspectos macroeconómicos, seguimos teniendo algunos faltantes muy grandes en materia de estado de derecho, lo que implica la falta de una administración de justicia confiable que reduzca los grados de impunidad y aplique la ley por igual y que las reglas sean previsibles. Esto incluye tener marcos regulatorios confiables y no grandes poderes de discreción en manos de los funcionarios.  Desgraciadamente, hay también faltantes en materia regulatoria muchas veces son regulaciones excesivas y absurdas o dejamos mucho en manos de la discreción de la administración que se presenta para la corrupción. Y ese renglón, la lucha contra la corrupción, es sin la tarea continua que debe tener todo país.

El gobierno de Panamá ha puesto en la mesa de discusión el tema de las asociaciones público privadas, para, entre otras cosas, acortar la brecha que hay entre la discrecionalidad y la corrupción. ¿Es, realmente, una herramienta útil?

Yo pienso que las alianzas público privadas son indispensables. Es claro que Panamá es uno de esos países con buenas tasas de crecimiento, pero en muchos otros países estamos atravesando situaciones muy endémicas que afectan las finanzas públicas y esto hace que la inversión no pueda solo reposar en el sector público.  De allí que las alianzas públicas privadas son una gran alternativa y los países tienen que procurar tener marcos regulatorios que procuren que se haga bien, pero, sin lugar a dudas, desde mi punto de vista en ella radica mucho el futuro de la inversión para las grandes obras que se puedan hacer en los países de la región.

Sin duda Panamá es un país donde se ha invertido mucho en infraestructura y sigue marcando previsiones de crecimiento envidiables, pero en materia de educación, en términos de igualdad social, y en materia de transparencia, no pasamos el examen. ¿Cuál ha sido el secreto de Costa Rica?

Es interesante ver cómo en una región donde desgraciadamente tenemos que hablar de Estados fallidos como Nicaragua, en el triángulo norte, Panamá y Costa Rica han logrado brillar por factores diferentes. Costa Rica tiene que aprender de Panamá y viceversa. Yo admiro lo que Panamá ha hecho en los últimos años estando junto a los otros dos países en la región que tienen la oportunidad de dar un salto al desarrollo, que son Chile y Uruguay. Si siguen esa ruta, Panamá será uno de los primeros países desarrollados de América Latina, y Costa Rica se ha quedado rezagado en materia económica al no lograr sobrepasar la tasa promedio de crecimiento de 4 por ciento. Este año, se estima en un 2.5 por ciento y así no se puede aspirar al desarrollo, y en eso Panamá nos da lecciones en temas de dinamismo económico.  Pero siempre es importante hacer un alto, y analizar qué más puede hacer Panamá para que ese crecimiento derrame en nivel de equidad, salarios competitivos y en un aumento de los niveles de productividad en áreas económicas y las dos áreas o tareas que el país tiene pendientes y que Costa Rica lo hizo primero: es el tema de la calidad de la educación para mejorar la competitividad del recurso humano y, por otro lado, el tema del estado de derecho en específico la administración de justicia. Si Panamá logra concentrarse en esas dos tareas pendientes no tengo la menor duda de que entraría en el umbral de desarrollo por su crecimiento económico; además, se consolidaría como una sociedad más sólida y moderna.

Hemos hablado hasta el momento del papel de los gobernantes, pero ¿el sector privado debe tener un papel más participativo que sólo de generación de riqueza?

Es cierto que el papel de los empresarios es generar riquezas, crear empleos y garantizar buenos salarios y oportunidades de empleos y eso creo que el empresariado panameño lo viene haciendo bastante bien. Además, hemos visto que se incorporan en los puestos de toma de decisiones en el sector público y es bueno que se preocupen de manera directa no solo en el éxito de su empresa, sino también en el éxito del país como un todo.

Yo creo que precisamente por el mismo compromiso con que el empresario panameño ha asumido tanto en la empresa privada como cuando ha tenido oportunidad de estar en el gobierno, se han preocupado de que Panamá sea la estrella en materia económica, en infraestructura y logística. Creo que deben abrigar con el mismo ímpetu la defensa y fortalecer del estado de derecho, e insistiré en ello. De manera que cuando el empresario participa de puestos de decisión político o estando solo como actor económico, entienda que en cada cosa que hace cuenta la integridad de las instituciones, la ética en la cosa pública y la importancia de un Órgano Judicial independiente y fuerte. Ese debe ser el desafío; estos temas también deben ser parte de la agenda que el sector privado debe promover en Panamá.

La ciudadanía y la sociedad organizada desempeñan un papel importante en la vigilancia y fortalecimiento de la democracia.  ¿Cuáles serían sus recomendaciones para una sociedad civil que, incluso, se adapta a los modernismos digitales para hacerse escuchar?

Efectivamente, las redes sociales han venido a dar voz a los ciudadanos, instrumento de control sobre el poder público, poder interrogar y expresar sus posiciones. Cuando avanzamos en los espacios de los gobiernos abiertos y digitales, le damos poder al ciudadano para controlar, supervisar y vigilar la acción pública. En ese sentido, son muy positivas. Sin embargo, como todo en democracia, si no asumimos esos espacios de libertad que la tecnología de la información nos está dando, de manera responsable, podemos terminar ahogando la democracia y puede desfallecer por el abuso de los espacios de libertad de manera irresponsable. Es un llamado a una actividad responsable con el derecho de opinar con la obligación de hacerlo bien. Es importante la alfabetización digital de los ciudadanos, que no se aprende de la noche a la mañana.   Que los gobiernos y sistemas educativos comprendan también la importancia de preparar a generaciones a discernir en el bombardeo de información al que están sometidos.  Deben entender la importancia de la educación y que aprendan los ciudadanos a discernir en sus criterios. Es importante comprender que en la medida en que todos nos sintamos en igualdad de condiciones en una sociedad, así nos vamos a sentir responsables de lo que hacemos en el país. En la medida en que crezcan los niveles de desigualdad son menos las exigencias que le podemos hacer al ciudadano en materia de responsabilidad.

¿Y el papel de los medios tradicionales?

Hay que entender que las “fake news” siempre han existido. Con mucho respeto, le digo que la prensa tendenciosa e irresponsable siempre ha existido. Me parece que el periodismo tiene que hacer una especie de autocrítica, no podemos exigirles a las redes sociales cuando se abandonaron muchas armas éticas del periodismo en muchos países del mundo.  En el momento que el periodismo vuelva a encontrar su norte y validación ética, en ese mismo momento se podrá convertir en la guía que orienta la opinión pública; sin embargo, se volvió en muchos lugares en un grupo tendencioso más, y ha perdido mucha autoridad para validar la información que en el fondo es el gran desafío por superar. ¿Cómo hacer para que el periodismo vuelva a ocupar ese sitial que en teoría siempre ha tenido? Debe ser la fuente más neutral posible que no busca generar tendencia de opinión, si no que se forme opinión.

Last modified: 16/08/2019

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