Vive su historia, disfruta su gente

Written by | Misceláneo, Revista

Viajar siempre te invade de una emoción indescriptible. Ir en el avión causa mucha ansiedad y cuando ya estás en el aeropuerto tienes la curiosidad de lo que te vas a encontrar detrás de esas puertas. La grata sorpresa en este viaje fue que te recibieran con la bandera de mi país y una gran sonrisa. Desde allí dije que Guatemala es un excelente destino en Centroamérica que nadie se debería perder.

Por: Karina Juárez

karinajjuarez@gmail.com

Mi viaje era por trabajo, pero uno siempre puede organizarse bien y aprovechar para hacer turismo. Debido a la apretada agenda que tenía, mi lista de sitios por visitar, fue corta, pero la ajusté a mis grandes pasiones:

Lo primero que conocí esa misma noche fue la parte cosmopolita de Guatemala, a tan solo unos 15 minutos llegué a una pequeña ciudad que me hizo alucinar, El paseo Cayalá, que es  un proyecto arquitectónico moderno de diseño colonial, se acompañaba con  el clima perfecto para una larga caminata. La imponente entrada de este paseo te da la sensación de que estás llegando a una mezcla de sitios históricos atenienses y al subway de Londres. Tal como lo indica el significado de su nombre en Cachiquel (lengua que se habla en algunas regiones de Guatemala) es un “paraíso” y no es más que una moderna ciudad dentro de otra que tenía iglesias, edificios, casas, teatro, cine, centros culturales, iglesias pero todo rodeado de naturaleza. Para complementar, tiene la avenida de la moda, que es para enloquecer. Por suerte era de noche y las tiendas estaban cerradas, pero me pareció un lugar ideal para trabajar, vivir y no salir nunca.

Guatemala significa muchos árboles en lengua Nahuatl, de allí partió mi inquietud, de conocer el lugar del Popol Vhu, obra que se estudia en la secundaria pero que uno duda de su existencia y más aún de los orígenes. Entrar a este museo fue quedarme sin aliento, literalmente. Hacer un recorrido tan deseado en media hora es un poco exorbitante pero tenía que cumplir conmigo misma. Son seis salas que recogen la colección más importante de arte maya en el mundo. De allí mi intensidad por ir.

Al entrar a la primera sala nos recibieron dos caras de piedra que su título era “Cabeza sonriente”, así me sentí realmente como una de esas cabezas felices. Al seguir con el recorrido, cada vistazo era más genial que el anterior entre objetos de piedra, vasijas de cerámica que datan de 15,000 – 9,000 AC del paleo indio, luego pasar a las salas de arcaico-preclásico, clásico temprano, clásico tardío y posclásico.

En estas me atraparon las expresiones de las figuras humanas llenas de dolor y melancolía, algunas que asustaban y otras que te ponían a meditar del sentimiento que pudo sentir el artista al hacer cada pieza. Una de las áreas que más me impactó, por su detalle, fueron las urnas funerarias que a pesar de que eran para rituales de muerte, sus detalles eran tan hermosos que te pierdes tratando de graficar en la mente aquel espacio de la historia.

Las maquetas de las acrópolis eran realmente asombrosas. Me recordaron el film “Una Noche en el Museo”. Dentro de esa área se encontraban los textos jeroglíficos mayas que dejaban ver que era una civilización con gran desarrollo artístico.

Qué grandeza y supremacía dejaban ver cada una de estas piezas, definían claramente el poder y riqueza que ostentaban los conquistadores españoles que llegaron a este territorio.  Entre los objetos que más llamaron mi atención están las coronas de imágenes en tamaño real y una figura que al mirarla de otro ángulo me hizo recordar la época de las cruzadas y los grandes caballeros de la época.

La guía nos relató que muchas de las piezas que se perdieron en el terremoto e inundación que acabaron con la antigua ciudad fueron vendidas por los monjes para sobrevivir económicamente y los que tienen en exhibición no tienen una data exacta de su origen.

También visité el Museo Casa del Tejido en Antigua. Aquí nos abrieron las puertas dos seres humanos increíbles. Nuestro guía estrella fue Danilo, quien nos contó sobre los diferentes tipos de vestuarios mayas, más de 50, y la complejidad de estos tejidos. Estos vestidos típicos varían según la región que ocupaban los primeros habitantes del altiplano y son de dos tipos: para el diario y los ceremoniales.

La principal característica de estos tejidos es su colorido y detalle que con instrumentos rudimentarios pre-hispánicos aún se preservan, porque ha sido una técnica enseñada en las familias generación tras generación.  Desde la fundación del museo en 1998, su directora se planteó el objetivo de que el museo, aparte de salvaguardar que esta hermosa costumbre, sirviera de sustento para mujeres indígenas de la región.

 

Al terminar este recorrido nos esperaba una chica hermosa para hacernos sentir como una diosa maya. La sorpresa era vestirnos con el traje típico de la región que más quisiéramos; el mío fue de San Antonio, Aguas Calientes. Qué energía tan hermosa. Los colores y calor hacían vibrar hasta los telares y maniquíes. Luego de esto, llegamos a un mini taller donde mujeres de la región están tejiendo y de verdad que es un arte de admirar, que gran trabajo artesanal y creativo.

Se quedaron en mí

Antigua, como bien lo dice su nombre, era la capital antigua de la ciudad, que dejaba ver los vestigios de los tres terremotos que azotaron el lugar, pero sin dejar de evidenciar aquella época de esplendor que albergó una de las ciudades más hermosas de las Indias Españolas.

La siguiente experiencia fue una mezcla realmente extraña. Sentía curiosidad y temor por entrar a un convento en ruinas, pero un cosquilleo me invadía, quería descubrir qué había detrás de esas grandes piedras.  Ya caía la tarde y un jardín hermoso con el clima ideal nos abrazó y envolvió.  Eran la Ruinas de la Recolección, un convento que data de 1685, el cual fue regentado por religiosos recoletos que tardaron 16 años en terminar su imponente construcción.

Al salir de las ruinas, decidimos recorrer Antigua caminando a ver que más descubríamos; en el recorrido había artesanos por doquier que te invaden para vender sus tejidos, como es de esperar en la mujeres; hicimos shopping de huipiles, chales y manteles, toda esta negociación se dio con un gran testigo, el arco del antiguo convento y su reloj que nos recordaba que teníamos poco tiempo.

Seguimos y llegamos a la plaza central que tenía aquellos edificios imponentes con una arquitectura colonial española que frenaban tu andar para que los observaras, se trataba del Palacio del Ayuntamiento, la Catedral De Santiago y el Palacio de los Capitanes Generales, todos construidos por las órdenes de los Reyes de España a sus Virreinatos. En el centro de estos monumentos, había un parque donde se agrupaban lugareños, artesanos, turistas, y lo que más llenó mi alma fue la música y alegría.  En la esquina del Ayuntamiento, había un grupo de señores tocando música tradicional con marimba y a la otra esquina unos chicos tocando música moderna pero ambos en franca armonía.

Ya que el viaje era de trabajo y no por vacaciones, nos tocó volver a la ciudad, pero siguió un poco el descubrimiento de “Guate” cultural. Una vez más me encuentro en otro centro histórico eufórico por contar su historia, pero lamentablemente no tenía el tiempo para escuchar tanto y solo hice un recorrido externo por el Palacio Verde que abarca más de 8 mil metros de arquitectura colonial francesa; de allí crucé a la cuadra diagonal y estaba la Catedral Primada Metropolitana de Santiago construida entre 1782 y 1867.

Esta catedral es imponente, tiene a un lado la Arquidiócesis de Guatemala con unas puertas que, según cuentan y su simbología, dice que allí vivía gente importante.También tiene en un patio interno el Museo Arquidiocesano de Guatemala. Me impresionaron las columnas del exterior de la iglesia en mármol y que tiene grabado unos nombres bajo el título “Victimas ejecutadas”.  Al entrar, su diseño exótico propio del neoclásico te remonta enseguida al romanticismo de la época, sus figuras son hermosas y la iluminación natural fue genial para la fotografía.  Extasiada con el lente estaba tratando de recoger una imagen y una amable señora me regañó y me dijo que ese espacio estaba reservado para la fe y no podía seguir registrando todo lo que tenía para mostrar.

Al regresar al Centro de la Plaza de la Constitución (Parque Central), vi unos dibujos dentro de un circulo demarcado con cruces y velas. Realmente me asustó porque parecía un ritual de esos de películas de miedo, pero al detenerme me percaté de que era un tipo de protesta y recuerdo a las niñas que fallecieron en un incendio registrado en un centro de menores, lo que me arrugó el corazón y al levantar la mirada  pude ver la real belleza de Guatemala, su gente y perseverancia de levantarse una y otra vez desde sus primeros habitantes que pasaron por terremotos, inundaciones y hoy arropado por desigualdades.

Sé que no fui ni a la mitad de sitios históricos que tiene Guatemala para visitar, pero al concluir este hermoso viaje, me quedo con lo más valioso que encontré en “Quauhtlemallan”, la calidez, sencillez y atención de los chapines, en especial la de todo el personal de la Embajada de Panamá en Guatemala.

De ahora en adelante una PanaChapina!!!

 

Last modified: November 16, 2017

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