TERESITA YÁNIZ DE ARIAS: La eterna disidente

Written by | Entrevista, Misceláneo, Mujer

Desde 1963, a su llegada al país desde su Cuba natal, esta habanera carismática y conversadora, se convirtió en uno de los principales artífices del devenir político panameño. Sus nupcias con Ricardo Arias Calderón el 9 de enero de 1964, día de los mártires, fueron un acto premonitorio. Su lucha desde las filas de la Democracia Cristiana inauguró una forma novedosa de combate político, que culminó con el exilio en Venezuela y Estados Unidos, para escapar del acoso de la dictadura. Mujer preocupada por los más desfavorecidos, nunca llegó a encandilarse por las luces de la gloria. A través de los años ha sido tenaz su lucha en defensa de la mujer y la niñez panameña. Hace poco estuvo de nuevo en el ojo del huracán al renunciar a la vicepresidencia del Partido Popular.

hugo.santaromita@grupopauta.net

@hugosantaromita

Teresita Yániz de Arias nos recibe en su casa con los brazos abiertos y con una sonrisa enorme, antillana, de malecón. No se diferencia en nada de la mujer que se muestra amplia y llana en los medios, con un espíritu y un tesón difíciles de emular. Esta habanera, carismática y conversadora, ha sido uno de los principales artífices del devenir político panameño en las últimas cinco décadas.  A pesar de tener media vida en Panamá, aún se le nota su acento originario. Su rol como legisladora fue decisivo en los tiempos de la dictadura y en los gobiernos recientes. Justamente este año, ella y Don Ricardo Arias Calderón, superaron la “valla” de los 50 años de aquellas nupcias celebradas el 9 de enero de 1964, histórico día en que los alumnos del Instituto Nacional marcharon hacia la entonces Escuela Secundaria de Balboa y se convirtieron en mártires por reclamar la presencia de la bandera panameña en la Zona del Canal.

“Fue una fecha premonitoria. Nos casamos a las 10 de la mañana. Luego nos fuimos a la casa, pero en la tarde, cuando nos disponíamos a ir a una cena en casa de mi suegra, nos avisaron que los estudiantes habían salido a protestar”, rememora Teresita, quien recordaba que a las 9 de la noche ya la ciudad ardía en medio de los disturbios y que se reportaban fallecidos, pero también que únicamente dos colectivos, el Partido del Pueblo y el Demócrata Cristiano, se pronunciaban condenando los hechos y replanteando las relaciones con los Estados Unidos.

“La preocupación de la clase política tradicional era solamente las elecciones de mayo. No se atrevían a hablar”. Ante aquellos hechos -apunta Teresita- Arias Calderón decidió que no podía quedarse callado y se inscribe en el Partido Demócrata Cristiano, con una carta dirigida a Rubén Arosemena Guardia, en la que le explica las razones de su petición “La Democracia Cristiana tuvo la valentía de pronunciarse sobre los graves incidentes del momento ante la incapacidad de las fuerzas políticas tradicionales para asumir una responsabilidad histórica”, destaca la exlegisladora.

A su juicio, los panameños aún no han entendido cuáles son sus derechos ni sus deberes y responsabilidades. “Hay una confusión –dice- entre el reclamo legítimo y la efectividad de éste. Siempre acabamos violando los derechos de los demás, eso es algo que no hemos aprendido a corregir”. Considera que eso tiene su origen en la propia ignorancia de los derechos civiles y políticos, y en el colapso de las instituciones. A pesar de que hay muchas vías para reclamar, los ciudadanos no las utilizan porque reconocen que el sistema no funciona, lo cual produce un caos que se vuelve costumbre y el país se puede volver ingobernable.

En su típico tono divertido, y al mismo tiempo severo, señala que la falta de “pantalones” es lo que pospone la solución a los problemas “porque el que acepta gobernar debe saber que va a tener que tomar medidas nada simpáticas ni populares”. Ha repetido hasta la saciedad que tan malo es tener poder y abusar de él, como tenerlo y no saber usarlo. No pierde su capacidad de asombro con la situación penitenciaria y de salud en el país. “En las comarcas ningún gobierno ha hecho  un estudio de necesidades de la población en materia de salud, según el censo de la población”.

Critica por igual la desidia con la que se ha actuado en el tema penitenciario. “En Panamá hay unos 15 mil privados de libertad, muchos aún no juzgados. El 70 por ciento de esos presos ya ha superado el tiempo previsto tras las rejas por los delitos que se les atribuyen. Lo peor es que muchos están en condiciones infrahumanas porque no tienen cómo pagar para su defensa”, suelta con evidente malestar.

Recordó su rol como secretaria del Plan Alimentario Nacional (Senapan), donde hizo un estudio financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional. Cuando lo presentó se sorprendió al saber que había ministros que desconocían que los puestos de salud habían sido arrasados por los ríos. “En los últimos 10 años –asegura- se han gastado millones de balboas en temas de atención a la pobreza, pero los índices siguen igual. En el MIDES hay oficinas donde hay personal técnico pero no hay vehículos. Si hay vehículos, no hay gasolina. Si hay carro y gasolina, no hay chofer, pero eso sí: todos están en planilla. El estudio hizo un diagnóstico de todo el país por provincias, por distritos y por corregimiento. Martín Torrijos me vio asombrado y le dije que lo lamentaba, que eso era lo que se había encontrado”.

 

No cabía en Cuba

Teresita María de Jesús Yániz Alonso nació en La Habana, Cuba, el 29 de enero de 1943. Es la mayor de cinco hermanos. Creció dentro de una familia numerosa en la que las mujeres habían recibido educación superior y universitaria en diversas carreras de ciencias desde fines del siglo XIX.

Era una familia muy grande y por lo tanto muy variada. “Yo era la inteligente y mi hermana, la bonita”, dice jocosa. Cuando se nacionalizó, Rubén Arosemena Guardia le redujo el nombre a Teresita de Jesús. “Es que en Cuba, por influencia española, era muy común tener tres y cuatro nombres en honor a la familia”, recuerda nostálgica. Su madre se llamaba Georgina María Josefa Diana, y cada uno de esos nombres tenía un significado. Luego estaban Rodolfo Ignacio de Jesús, fallecido hace tres años, Georgina María de Jesús, José Rafael de Jesús y, el más pequeño, Francisco Antonio de Jesús. El apellido Yániz es de origen navarro. El primer antecesor que llegó a Cuba se llamaba  José Aniceto de Yániz y Añíbarro, de padre navarro y madre vasca.

El rumbo totalitario que tomó el proceso revolucionario castrista la obligó a abandonar su país. “Se me pidió que hipotecara mi libertad por un sueño que no fue realidad, y que guardara silencio ante hechos que violentaban mi sentido de la justicia. Comprendí que en esa sociedad yo no cabía». En 1963, por invitación de monseñor Marcos McGrath, llegó a Panamá desde Caracas a fundar una residencia universitaria para jóvenes panameñas que deseaban seguir estudios superiores en la capital.

La residencia universitaria formaba parte de una agrupación mariana que lideraba McGrath y por la cual desfilaron decenas de mujeres que hoy son médicos, ingenieras y arquitectas. Teresita llegó con apenas 20 años acompañada por otra cubana mayor. Venían por un año. “Cuando me casé con Ricardo, la mayoría de edad era de 21 años, pero Monseñor McGrath me concedió el permiso”, detalla.

La exlegisladora trabajaba entonces en el Arzobispado, donde funcionaba la primera oficina de Sociología Religiosa que hubo en Panamá, dirigida por Cecilia Alegre, la única diputada electa de la Democracia Cristiana en las elecciones de 1968. “Por esa oficina pasaba a menudo Ricardo (Arias), que era gran amigo de McGrath cuando fue Obispo Auxiliar de Veraguas y Arzobispo”. Ya Ricardo tenía 30 años y su doctorado en París. “Era un hombre muy inteligente. Había ganado la cátedra en la universidad y lo habían cortejado todos los partidos tradicionales de la época”, dice una orgullosa esposa, que en los últimos años se ha encargado de ordenar y digitalizar todos los documentos y cartas del exvicepresidente.

Cecilia Alegre le había recomendado a Teresita matricularse en el curso de Filosofía que dictaba Arias, y así fue como lo conoció. “Las charlas de Ricardo se llenaban. Se inscribía gente que no tenía que tomarlas. Se corría la voz entre los estudiantes, sobre todo, entre los de Medicina e Ingeniería. Él hacía una introducción a la Filosofía tomando el texto de la apología a Sócrates, y analizaba las razones éticas que lo llevaron a la muerte”, rememora, y deja escapar una gran emoción.

 

Lucha tenaz

Siempre ha honrado la labor y el sacrificio de su esposo por el país, a quien considera el constructor de la democracia en Panamá y quien participó activamente en la política desde 1964. Se recuerda su candidatura de 1984 junto a Arnulfo Arias y Carlos Rodríguez, contienda ésta que ganó con la coalición ADO, pero el fraude le negó el triunfo. Después de once días de conteo, el Tribunal Electoral proclamó ganador a Ardito Barletta, del PRD, por apenas 1.713 votos, lo que dejó más que insatisfecha a la oposición. En 1989 Arias dio nuevas muestras de desprendimiento al ceder la candidatura a Guillermo Endara, comicios que –como se recuerda- fueron anulados por Noriega.

Años atrás, una muy joven Teresita fue testigo de la valentía que mostró la Democracia Cristiana cuando ésta se negó a firmarle las credenciales como presidente a Marcos Robles en 1964 por considerar las elecciones fraudulentas. “Aquello le salió caro a la militancia del partido, en su mayoría formada por maestros, profesores universitarios y grupos de campesinos organizados, sobre todo de Chiriquí y Veraguas, y capas medias que le dieron forma y contenido ideológico a ese grupo”.

La Democracia Cristiana fue decisiva en el reconocimiento del triunfo de Arnulfo Arias en 1968, pese a la rivalidad familiar entre ambos Arias y ante las posibilidades de un fraude que se orquestaba desde el gobierno de Robles. En un saloncito de la casa de Arias Calderón estaban, debidamente contabilizadas y refrendadas por contadores autorizados, las actas de los comicios que le correspondían al DC y según las cuales el triunfo era de Arnulfo. Para Arias Calderón prevaleció lo correcto, no la posición política.

La entrevistada tiene fresca en su memoria aquellos terribles cuatro años de gobierno liberal “de mucha corrupción”. Cuando llegaron las elecciones del 68 el candidato democristiano fue Antonio González Revilla,  junto a Arias y Antonio Enríquez Navarro. “Ricardo decía que Revilla era un Lord inglés nacido en Chiriquí”, comenta con picardía y respeto por el ilustre neurocirujano.

Con ese trío se inició la campaña política. “El PDC decide denunciar a Robles para que se le juzgara por el uso de fondos del Estado y el acusador era Rubén Arosemena Guardia. Recuerdo haber entrado a la Asamblea y ser atacada por una turba de liberales que nos gritaban las barbaridades más inimaginables, por un lado, y por el otro, un grupo de arnulfistas. La Asamblea condena a Robles y lo destituye. Nosotros vivimos varios días con dos presidentes: Robles, que la Guardia Nacional se negaba a sacar de la Presidencia, y Max del Valle. Aquello fue vergonzoso”.

 

En medio de la historia

Como ya es historia, después de tomar posesión por tercera vez de la Presidencia de la República el martes 1 de octubre de 1968, Arnulfo empezó a violentar los acuerdos pactados con la Guardia Nacional haciendo cambios inesperados en las 13 zonas militares del país, y el 11 de octubre se dio el primer golpe de Estado militar en la historia republicana de Panamá. “El gran error de Arnulfo fue irrespetar el escalafón, jubilar a Lilo Vallarino y meter gente con rango. Ése fue el detonante del golpe”.

Para Teresita muchos son caudillos fallidos porque se asientan sobre hechos que no tienen la suficiente fuerza porque no son compartidos por la mayoría de la población para convertirse en un mito. “No es lo mismo Torrijos, al que han pretendido erigir como el autor exclusivo de la entrega del Canal, que un Bolívar que atraviesa los Andes con sus tropas de soldados descalzos y harapientos. En Bolívar hay consenso con lo que hizo” Para la exlegisladora, un mito es sostenible cuando surge de verdades que no se pueden negar.

Recordó como si fuese ayer cuando Lino Rodríguez-Arias Bustamante, jurista español casado con una panameña, conminó a los Arias a refugiarse en Venezuela. Ya a don Lino lo conocían en el partido venezolano Copei, que lideraba Rafael Caldera en los años 70 y estaba en el poder. Se rehusó a volver a Panamá y desde la ciudad andina de Mérida convenció a Ricardo de irse a enseñar en la Universidad de Los Andes para librarse del acoso político y la soledad en el ámbito intelectual que vivía en Panamá. “Compramos una camioneta Volkswagen en Caracas y nos fuimos a Mérida atravesando los llanos venezolanos y los páramos andinos. Cuando nos detuvimos en medio del silencio de aquellas montañas cubiertas de nieve, no podíamos imaginarnos cómo Bolívar atravesó esa cordillera a caballo”, dijo nostálgica.

Con Ricardo y Teresita se hicieron públicos, a favor de la democratización del país, dirigentes de la talla de Carlos Arellano Lennox, Guillermo Cochez, Edgardo Molino Mola, Mapril Montenegro, Luis Emilio Veces, José Antonio Sossa, Edith Valdés de Arosemena, José Salgueiro y Antonio De León.

A juicio del periodista Rubén Murgas, “Teresita siempre ha sido una mujer inclinada a ayudar a las clases más desfavorecidas, y Ricardo ha sido un humanista, un hombre de gran pureza, que cedió los aplausos en aras del país. Era un hombre del claustro, no de la calle, del pensamiento, no de la confrontación, y su labor fue meritoria”.

Señala Murgas que mientras Ricardo cedía su lugar como candidato a Endara para no malograr a la oposición en 1989, en medio de las jugadas maestras del Partido Liberal, Teresita, en distintas circunstancias, jugaba roles importantes en la Asamblea Nacional, bajo cuya égida se aprobaron leyes –hoy vigentes- como la de Violencia Intrafamiliar y Abuso del Menor, la de Adopciones, la de Paternidad Responsable, la que modifica las Pensiones de Viudez, la de Derechos de los Pacientes a la Información y la de Protección Integral a las Adolescentes Embarazadas.

Para el analista político, “Teresita ha sido una mujer de muchos principios que no llegó a ser ministra de Estado o presidenta por haber nacido en el extranjero”. Tanto ella como Ricardo –sostiene- fueron los que se enfrentaron a la dictadura, a pesar de que el hermano de éste, Jimmy Arias, era el hombre de confianza de Marcos Robles.

En el 89 el partido que se había enfrentado con éxito a los militares había sido el PDC que obtuvo 28 diputados contra 11 del PRD. Era entonces la bancada más grande. Arias fue fundador y primer director del diario La Prensa, al que defendió en la SIP, pero cuando llegó al poder, entonces La Prensa lo destrozó con caricaturas y campañas en su contra. Fue tal el nivel de ataques, que a los 15 meses Endara despide a Arias del todopoderoso Ministerio de Gobierno. Vino entonces el distanciamiento con Bobby Eisenman pero luego Arias le arrebata la dirección del periódico.

 

Entre pactos

Teresita fue diputada del 99 al 2004 y luego de 2004 al 2009.  Entre 2000 y 2001 fue su vicepresidenta de la Asamblea. Llegó a ésta como parte de la alianza que apoyó a Mireya Moscoso llamada el Pacto de La Pintada. “En la papeleta del PDC fuimos elegidos cinco diputados, los tres arnulfistas –Popi. Santana y Garrido- que habían roto con su partido, los recordados Saltamontes pro-Vallarino, Rubén Arosemena Guardia y yo. Su sumaron cuatro de Solidaridad y tres de Molirena. Le dimos mayoría a Mireya con la cifra mágica de 36 diputado”, precisa Teresita. El PDC negoció esa jugada, ya que posiblemente desaparecería como partido en las elecciones de ese año.

Pero recuerda Yániz de Arias que no todo terminó allí. En el 2000 las diferencias con el oficialismo dieron lugar al Pacto Meta, que unió al PRD y al PDC hasta 2002, primero con Nito Cortizo y luego con Rubén Arosemena Guardia como presidentes. En medio de aquel desenfreno ocurría también el célebre caso de los regalos millonarios a los diputados: para los hombres, relojes, y para las mujeres, pulseras o aretes de la marca Cartier, y que Teresita y Arosemena decidieron devolver públicamente, hecho que selló la enemistad política entre éstos y la mandataria panameñista. En 2002 surge el llamado Pacto Mami (Martín-Mireya), negociado entre el oficialismo y disidentes del PRD en Boquete y donde se postuló al perredista Carlos Alvarado como presidente de la Asamblea.

Para Murgas, Teresita fomentó una alianza que parecía imposible en 2004, la del PRD-PDC que llevó a Martín Torrijos al poder. Fue una férrea defensora de Balbina Herrera y advirtió lo que venía con Ricardo Martinelli. Tuvo una visión premonitoria.

Pero Yániz de Arias volvió recientemente al ojo de la polémica al renunciar a la vicepresidencia del Partido Popular afirmando que la organización fue secuestrada por un grupo minúsculo que alejó de la campaña tanto a viejos como a nuevos militantes, como haciendo ver que en el pasado el histórico PDC –como se llamaba originalmente- quedó reducido a escombros. El gran misterio es que tanto ella como Ricardo promovieron a Milton Henríquez como presidente del PP, y hoy están enfrentados. Pero ésa es una historia que otros contarán.

Last modified: 20/12/2018

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