Nayarit: El tesoro del pacífico mexicano

Written by | Actualidad, Misceláneo

Después de la grandiosa estadía en Puerto Vallarta, era momento de conocer otro de los destinos del nuevo vuelo de Copa Airlines.  En la Riviera Nayarit hay tanto que ver y uno se siente como en casa que lo que dan es ganas de quedarse a vivir. Son 307 kilómetros de la costa oeste de México que combinan proyectos de lujo, pueblos multiculturales, playas vírgenes y naturaleza protegida en una perfección para competir con otras riveras, incluida la Maya.

@periodistaKarin

En esta gira periodística tampoco nos alcanzó el tiempo para conocer los más de 200 microdestinos que aguardan en Riviera Nayarit. Después de cruzar el río Ameca, que es el límite entre Puerto Vallarta-Jalisco y Nuevo Vallarta-Nayarit, lo que vemos es una creciente industria hotelera donde el lujo se fusiona con la naturaleza para formar Flamingos, uno de los destinos más prósperos de la costa pacífica de México.

Llegamos entonces a Bucerías, un pueblo pintoresco donde uno se puede volver loco haciendo compras de recuerditos y curiosidades. Caminando por el Paseo del Beso, un estrecho callejón que comunica el centro con las colonias residenciales, se encuentra el mercado de artesanías. La larga caminata vale la pena hasta llegar a la Parroquia Nuestra Señora de la Paz, que es patrona de este lugar. Ahí, además de encontrar serenidad, coges tu respiro para seguir el recorrido en la plaza central donde lo más llamativo, por supuesto, es toparse la cultura huichol.

Son varios puestos donde los huicholes, que son una de las cinco etnias originarias de esta área de México, venden pulseras, anillos y collares de cuentas de cristal. Conocidos como wixárikas o wixaritaris (hijos del Sol), son tan notables por sus coloridas vestimentas de prendas bordadas y también algo recelosos con los turistas. En la antigüedad, sus artesanías las confeccionaban con semillas, pero ahora utilizan chaquiras de plástico que pegan con cera de abeja sobre distintos materiales como piedra, cerámica, madera y metal.

Nos tocó la salida de los estudiantes de la Primaria Oliverio Vargas Hernández y aproveché para volver a la escuela y comerme una ensaladita de mango; esas que venden a las afueras del colegio. Cuál fue mi sorpresa que también había de sandía, de nance, y hasta de pepino, el toque es agregarle uno de los diferentes tipos de picantes o aliñarla con alguna de las salsas rojas de jitomate que ofrecen. Ese fue un entremés para todo lo que comeríamos en Riviera Nayarit y para lo que conoceríamos después.

La siguiente parada sería probar las delicias del mar y el recomendado fue el restaurante La Peska Seafood, ubicado estratégicamente en el malecón de La Marina en el pueblo pesquero La Cruz de Huanacaxtle. Desde ahí también se divisa el Mercado de Mar, un excelente lugar para comprar pescado fresco y donde seguro el chef del restaurante adquiere atún, pargo, huachinango, sierra, camarones y langostas, para ofrecer a sus comensales.

Con la barriguita llena y el corazón contento por las vistas de la marina más grande y moderna de este corredor marítimo, nos despedimos para dirigirnos al hotel anfitrión en la Riviera Nayarit. El recibimiento en el Dreams Villamagna Nuevo Vallarta fue acogedor. Se trata de un hotel de lujo con balcón privado que incluye hidromasaje, un llamado a la relajación donde solo resta ver al sol ocultarse en medio de la Bahía de Banderas.

Playa y magia

Al día siguiente seguimos en nuestro recorrido Nayarita, esta vez nos dirigimos al pueblo de Sayulita que está a 35 kilómetros de Puerto Vallarta. Aquí me sentí como en casa pero con un toque de picante. La calle los Delfines está adornada por banderolas de colores que abren las puertas a un mundo de tiendas hippies, hostales, restaurantes de tacos, pescado y escuelas de surf. Muy cerca se encuentra la tienda de artesanías Esto es México, muy famosa por ofrecer arte popular y por la catrina y el catrín que tienen en su fachada, aquí se pueden encontrar desde calaveras hasta las máscaras de luchadores, todo hecho a mano y con pedido al instante, si así se requiere.

Luego caminamos hasta a la playa y yo no sabía ni para dónde mirar, había cuerpos de distintas nacionalidades bronceándose con el sol intenso de Sayulita. Los vendedores ambulantes no te dejaban dar muchos pasos ofreciéndote sombreros, paraguas, toallas, sillas, masajes y hasta clases de surf.

El grupo dijo que sí a ésta última opción y cómo si se tratase de un compromiso firmamos una autorización y nos vestimos, todos listos para dominar las olas. Los primeros quince minutos fueron de aprendizaje en tierra o mejor dicho arena. Hasta ahí las ganas de aprender a dominar este magno deporte iban bien.

Los instructores de Lunazul Surf School aseguraban que han hecho parar sobre la tabla a todo aquel que desee aprender, desde alguien que pesa más de 200 libras hasta un señor de 80 años; así que el ánimo continuaba.

Caminamos hasta la parte de la playa recomendada para principiantes, aunque las olas estaban algo fuertes por la tormenta que rondaba el área. Nos advirtieron que por eso nos costaría más, pero todos seguimos con la firmeza de hacerlo. Nadamos contra la corriente hasta agarrar profundidad y esperar la ola perfecta. Acostada boca abajo sobre la tabla me lanza el instructor y me indica que es hora de pararse, en ese primer intento se acabó mi amor por el surf. En vez de dominarla quedé envuelta por la ola en la revolcada de mi vida, además de prácticamente ser arrastrada por la tabla que llevaba amarrada al pie.

Después de lograr salir del agua dije «no quiero más», sin embargo, minutos después reaccioné, recordando que lo importante no es caer, sino las veces que lo intentes. Después de todo había ido hasta la Riviera Nayarit a aprender a surfear.

Veo a mis colegas en las mismas, unos cayendo, otros de pie. Segundo intento, espero una ola más chica, respiro y la técnica para pararme la hago más rápido, unos segundos sobre la tabla son un éxito para mí. Al tercer intento duré quizás un minuto, pero no se trataba de una derrota, para ser surfista hay que tener excelentes condiciones físicas y sin dudas no nos tocó el mejor clima, así que tocará volver e intentarlo nuevamente.

Por supuesto, después de tal agotamiento, solo queríamos refrescarnos y recargar baterías. Don Pedros Restaurant, fue el lugar perfecto por los deliciosos platos que brindan pero más por la historia de sus fundadores, dos primos estadounidenses que llegaron en 1994 y se enamoraron de Sayulita como todos los que lo conocen.

Ahora, 22 años después, se han convertido en el mayor empleador del pueblo y sostienen objetivos de responsabilidad social como la restauración del malecón, del sistema de alcantarillado y la fortificación de la zona de playa.

No queríamos irnos de ahí, la vista de la playa es perfecta desde Don Pedros, pero era hora de seguir conociendo Nayarit para seguir contando sus bondades. Su pueblo vecino habla de cultura y los rastros de las fiestas patronales en honor a San Francisco de Asís que se celebra el 4 de octubre hablan por sí solos. Los vecinos indicaron que la carrera de la Antorcha de la Amistad, seguida por la cabalgata había sido todo un éxito.

El atardecer desde San Francisco se convirtió en todo un acontecimiento, el fuerte oleaje de ese instante se comía la playa pero resultaba una bendición para los surfistas. En el Parque La Hermandad estaba Maurice Meijer, un poeta alemán que salió hace un par de años de su país natal. Me contó que ha recorrido varias partes d

e América sólo con su mochila, una máquina de escribir y mucha imaginación. Pidiendo aventón ha podido conocer desde Chile hasta México, pasando por nuestro país y se gana la vida vendiendo los poemas inspirados en el amor y los viajes.

Cómo no entusiasmarse en esos paisajes de la Riviera Nayarit mientras la tibia arena acaricia los pies. San Pancho como le dicen sus habitantes, también es el lugar indicado para comer aguachiles, el plato icónico de región. Es muy parecido al ceviche, pero se diferencia en que su jugo lleva más ingredientes como, por ejemplo, caldo de ostión, aceite de oliva, vinagre con especias y chiles picantes de diferentes tipos.

 

El lugar imperdible

Nuestro último día en este destino de ensueño cerraría con broche de oro. Por la mañana nos dirigimos al Santuario de Cocodrilos El Cora, un refugio no solo para estos reptiles sino de otras especies. Hay que ir preparados con bastante repelente de insectos, ya que al estar ubicado en un humedal los hay por doquier.

Rubén Saavedra, biólogo y encargado del sitio, nos recibió muy atentamente para iniciar el recorrido con un avistamiento de aves. Respecto a los saurios señaló que lo que se busca es concienciar a las personas sobre la importancia de esta especie para el ecosistema y que ellos sólo atacan al sentirse agredidos por los humanos.

Las crías están acondicionadas en estanques para luego ser pasadas a su hábitat natural donde conviven con otros animales como gansos, tortugas, serpientes y gatos solos que también pertenecen a la actividad de conservación ecológica.

Más tarde seguimos nuestra ruta ecoturística hasta llegar a El Anclote, una playa pública ubicada en Punta Mita y donde encuentras variedad de operadores turísticos que ofrecen todo lo que se puede hacer en esta área, snorkel, kayak, buceo o el tour a Islas Marietas. Sin lugar a dudas, éste último es el imperdible de Riviera Nayarit, es como si un turista viniera a Panamá y no visitara su Canal.

Las Islas Marietas se encuentran a ocho kilómetros desde Punta Mita y fueron declaradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Le emoción no nos cabía en el pecho, queríamos ver en vivo las bellezas que se ven en las fotos y no quedamos defraudados. Además, éramos unos de los 100 afortunados diarios que pueden visitar este Parque Nacional. Se instituyó así porque en el 2016 había más de dos mil visitantes al día lo que causó graves daños al ecosistema del sitio y tuvo que ser cerrado por varios meses.

Quedamos encantados con cada rincón de las islas y con los pájaros bobos de patas azules y amarillos propios del lugar. Pero la adrenalina llegó a su punto máximo cuando por fin conoceríamos playa Escondida. Nos lanzamos del bote y nadamos a través de un túnel rocoso, allí también es bueno tener excelentes condiciones físicas, ya que prácticamente se lucha contra las olas.

Una vez dentro de isla redonda nos sentimos en el paraíso, pero solo podríamos estar media hora, además que atentaba con subir la marea y quedar atrapados dentro de la playa.  Para mí la salida fue más fácil que la entrada y una vez arriba del bote me sentía tan satisfecha que no me importaba que el viaje acabara pronto.

Regresamos al Dreams Villamagna para disfrutar del circuito de hidromasaje y hacer recuperar nuestros músculos cansados. Todo eso sirvió para tener un reparador descanso mientras soñábamos con regresar y conocer más de Puerto Vallarta y Riviera Nayarit, por supuesto ahora directo a través de la ruta de Copa Airlines.

 

Last modified: 06/02/2019

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