Arquitecta de mis sueños

Written by | Así Lo Hice

Hace siete años una buena amiga me dijo que hiciera de mi pasatiempo la creación de cosas divertidas para cumpleaños y celebraciones una segunda entrada de dinero. Yo, incrédula, le respondí que no podía hacer eso, porque no sabría ni cuánto cobrar. Aun así, logré conseguir un primer cliente, fui por los detalles y quedé en el “rush” del montaje. Aquí les cuento cómo hice para dejar una carrera de años sólo por hacer lo que me gusta y ser mi propia jefa.

Por: Lizbeth Ramos

moments2love@gmail.com

No lo podía creer, justo el día que tenía que atender a mi primer cliente se le ocurre al encargado del local llegar tarde, encima, no llevaba las llaves. Sólo quería que me tragara la tierra, sabía que los invitados del cumpleaños estaban por llegar. Mientras buscaban cómo abrir la puerta, me tiré al piso, pero no a llorar, sino a acomodar los centros de mesa, los detalles y todo lo que llevaba, para que al momento de entrar todo fuera cuestión de montar y listo.

Así fue como en 15 minutos pude ordenar todo y a los cinco minutos llegaron los invitados. Desde ese momento, me dije que esto no sería nada fácil, era tan solo un cumpleaños infantil, ¿qué podía esperar, entonces, de un quince año o una boda? Al final, mi pasatiempo se convirtió en una pasión y el sueño de ser mi propia jefa también se acrecentó.

En mi camino por lograr ese sueño me encontré con muchas frases desalentadoras y otros tantos obstáculos. Empecé a armar un portafolio con el nombre de la empresa y la carta de presentación, mientras mantenía dos trabajos. Sí, mi carrera de arquitecta me consumía hasta los sábados, así que las invitaciones y detalles los tenía que hacer hasta altas horas de la madrugada. En ese punto no sé cómo me rendía el tiempo. Bueno, a veces no dormía, tomaba café y que el día siguiera.

No puedo negar que mi trabajo como arquitecta me encantaba, aprendí a ser más detallista, a manejar clientes con altas exigencias, a trabajar bajo presión, y a tomar mis propias decisiones. Sin embargo, mis metas crecieron y un buen día me ofrecieron otra plaza de trabajo, que era un nuevo campo de arquitectura y tendría que prepararme y me consumiría mucho más tiempo. Llegué a la fase donde definitivamente no podía con ambos trabajos y mi emprendimiento tenía que esperar.

Estuve un mes reflexionando con mi esposo, más bien llorando, ya que anteriormente lo habíamos visualizado, pero no para ese momento, sino dentro de cinco años.

La oportunidad era muy buena y mi profesión como arquitecta tomaría otro rumbo, pero fue mi corazón el que decidió. Él estaba en esas confecciones creando eventos y en esa alegría de ser mi propia jefa.

Al renunciar, lo primero que hice fue tomar una certificación de wedding planner donde conocí a más emprendedores como yo, profesionales con experiencias y otros igual a mí que acababan de dar su gran salto. El conocer a estos nuevos colegas me ayudó a superar todos los miedos y a compartir la misma pasión.

Un año después, escuché del Programa Voces Vitales, leí que estaban buscando emprendedores para guiarlos a mejorar su negocio. Enseguida les escribí, hice todo el proceso y logré entrar. Esto me ayudó demasiado, con el programa aprendí a estructurar mejor mis ideas, a tener metas definidas, pero sobre todo a la organización de la empresa y la conexión con los proveedores. También pude formalizar mi negocio y convertirlo en una profesión.

Una experiencia inolvidable

Tuve la oportunidad de organizar mi primera boda, recomendada por la amiga de una amiga. Una vez me lo dijeron, solté una carcajada, claramente, fue de miedo, pero no me importó, empecé a sacar números y me di cuenta de que debía buscar ayuda, no podría yo sola.

Mi esposo ya tenía un año haciendo fotografía de eventos y sesiones de embarazo, así que le propuse que nos asociáramos para ofrecer un paquete completo. El día soñado había llegado, era mi propia jefa y tenía la satisfacción de ayudar a una mujer a sentirse como una princesa y guiarla en cada detalle y todo salió espectacular.

Ahora sigo trabajando con mucha más inspiración. Hace nueve meses nació Liz Marie, mi bebé que me hace crecer y retarme día con día para que se sienta orgullosa de mí en un futuro, cuando le podré enseñar que los sueños se pueden lograr con trabajo duro.

A todos los que tienen una idea en mente sepan que no hay un momento adecuado, siempre habrá razones para decir: aún no.

Ser emprendedor significa luchar constantemente por tus sueños, tener metas claras y definidas, ponerse en las manos de Dios y contar con apoyo tanto de tus familiares como de amigos. Mi familia ha sido un gran apoyo en todo este emprendimiento. Actualmente muchos forman parte de mi equipo de trabajo y siempre están a la disposición.

Por esto y mucho más, nunca hay que detenerse y ser el arquitecto de sus propios sueños, sin dejar que nadie opine de ellos.

 

Last modified: March 21, 2018

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