PASIÓN POR LA CULTURA INDÍGENA

Desde niña veía a mis padres manejar el negocio de venta de artesanías elaboradas con molas. Luego, recorrer el mundo me hizo valorar muchísimo la calidad de producto de las artesanías panameñas, y fue cuando decidí dedicarme por completo a promover la riqueza cultural de Panamá. Así nace mi primer emprendimiento.

Por: Rubiela Barnet

info@grupobarnet.com

Soy una orgullosa representante de nuestro pueblo originario kuna, estudié en la ciudad de Panamá y cuando llegué a la universidad quería estudiar turismo, pero mi familia no lo permitió porque me decían que moriría de hambre. Así que opté por el campo científico: estudié química y, por mi alta conexión con la naturaleza, decidí complementar mi formación con una Maestría en Ciencias Ambientales.

Luego me dediqué a trabajar en instituciones del Estado, gané experiencia en la formulación, implementación y evaluación de proyectos de investigación; agua y saneamiento e higiene y seguridad ocupacional; con funciones que me permitieron recorrer todo el ámbito nacional. Todo estaba bien, pero en mi interior había un anhelo de manejar mi propia empresa y no olvidaba el turismo.

Por eso, decido estudiar Administración de Empresas Turísticas y luego me llegó la gran oportunidad de visualizar emprendimientos concretos. A través de la Autoridad de Turismo de Panamá se me presentó la oportunidad de viajar como delegada cultural a las grandes ferias turísticas internacionales. Conocí gente maravillosa que me incursionó en la promoción turística y cultural de Panamá. Eran las personas claves que yo necesitaba para reconocer el gran potencial interno de emprendedora que se escondía en mí.

Fue cuestión de tiempo. Sentía la gran necesidad de renunciar a todo y dedicarme a mi propia empresa. El detalle era tomar la gran decisión. En mi caso, no fue difícil dar ese paso de abandonar un buen salario y permanencia laboral e ir tras el cumplimiento de mis sueños, pues toda la energía del universo se canalizó positivamente para esta decisión.

Mi sorpresa fue que al comunicar este paso a mi familia y amistades. Todos confiaban en mi capacidad profesional y liderazgo, simplemente mi mayor obstáculo, hasta ese momento, había sido yo misma.  Por eso, a todos los que en este momento sienten esas ganas de emprender les transmito que cada tiempo vivido es perfecto, ya que genera experiencias que son necesarias para nuestro fortalecimiento personal y suma sabiduría en la toma de decisiones.

Espíritu de emprender

Desde que tengo conciencia, observé a mis padres dedicarse a la venta de artesanías. Recuerdo los años de mi infancia que iba emocionada a la Feria de las Artesanías en Atlapa. Mi admiración por los productos hechos a mano de nuestros artesanos, la belleza de nuestra pollera y nuestra música folklórica estaba en crecimiento.

De mis padres heredé el negocio de artesanías hechas con mola, con una calidad del producto elevada. Sin embargo, requería fortalecer en la innovación de sus diseños e incursionar en nuevos mercados. Para esta decisión, necesitaba invertir un nuevo capital. No sabía cómo hacerlo, pero lo hice.

Empecé juntando dinero de las aplicaciones de mola que yo misma cosía y vendía. Ese ingreso lo reinvertí en adquirir nueva calidad y variedad de materia prima. Los ingresos generados se empezaron a manejar de forma planificada con el objetivo de innovar en nuevos productos.

De esta manera, se inicia mi primera empresa, OLUA, que en el idioma kuna significa aretes. Me inspiré en la vestimenta y los accesorios que complementan la belleza del vestuario de la mujer indígena kuna. Por eso, mis artesanías orgullosamente representan un aporte cultural a la identidad panameña.

Durante este proceso, tuve el apoyo del 100% de mi familia, ya que debía distribuir mi tiempo. Yo diseñaba, cosía, transformaba, mercadeaba y administraba el negocio. Además, todavía tenía el empleo de ocho horas, estudiaba turismo en la noche, viajaba al interior y al extranjero y había que incrementar la producción de molas. El secreto está en la fuerte voluntad de creer en ti y en tus sueños, para alcanzar las metas trazadas.

Este caminar por los diferentes rincones del país y del mundo, los momentos vividos y las experiencias ganadas me abren una nueva oportunidad de emprender, esta vez en el campo de los  proyectos de investigación en cultura, ambiente y turismo. Brota la semilla sembrada en mi alma de querer compartir con los demás esa transferencia de conocimientos a las nuevas generaciones. Así nace el segundo emprendimiento, Grupo Barnet, dedicado a consultorías, asesorías, capacitaciones y desarrollo de proyectos. Se basa en la esencia de la cosmovisión de mi cultura indígena, del aporte de los conocimientos de nuestra historia ancestral y  existente en las comunidades locales.

Pero no me detengo aquí, mis continuos viajes por todo el país y el contacto frecuente con turistas me permiten escuchar sus necesidades, sus expectativas y sus aportes para mejorar la marca Panamá. Los clientes siempre nos orientan a las necesidades del mercado. Está en nosotros saber identificarlos y tomar el riesgo. Es cuando decido apostar por un tercer emprendimiento, OGOBS, palabra derivada del idioma kuna. Para mí significa cocos, producto emblema de nuestras costas caribeñas. Este negocio está especializado en impulsar el destino Kunayala y todos sus atractivos, comprometidos con la conservación de los paisajes naturales intactos, impulsar la gastronomía kuna, el respeto por nuestra espiritualidad y la biodiversidad. Todo con la misión de mantener nuestra riqueza cultural como parte de nuestro legado a las siguientes generaciones.

Hay que ser esforzado y valiente

En medio de todo, sentí la necesidad de ir definiendo y consolidando mis negocios. Definitivamente, era el momento oportuno de renunciar al empleo tradicional y empecé a capacitarme en cursos gratuitos de liderazgo, motivación, emprendimientos, finanzas, marketing en redes sociales.

Cuando todo iba en crecimiento, la persona que inculca en mí el amor por los negocios cae gravemente enfermo y al poco tiempo fallece. Mi padre, mi mayor fortaleza, cumple su misión de formarnos, guiarnos y de prepararnos para la vida. Durante estos momentos de pruebas, dejé de producir, de fotografiar y mercadear: mi líder se nos había ido.

Pero una semana después del entierro de mi papá, me llaman de Voces Vitales para ser parte de su Programa de Mentoría y Empoderamiento Económico. Les expliqué mi situación, comprendieron el momento y me dieron la oportunidad de pasar mi etapa de luto, y me recomendaron esperar la siguiente convocatoria. Sin embargo, ante esta oportunidad, yo decidí aceptar inmediatamente ser parte del grupo 11. En memoria de mi padre, sé que él hubiese querido que siguiera fortaleciendo los emprendimientos y capacitacitarme aún más. Inicio así en octubre de 2018 mi formación y animada a salir adelante, esta vez más fortalecida con mi familia.

Por esto les recomiendo a todas las mujeres emprendedoras que se inscriban en el Programa de Voces Vitales, porque les permite un desarrollo más organizado y planificado de sus negocios. Toda idea de dar solución a las necesidades existentes es buena: sólo hay que saber enfocarlos y desarrollarlos técnica y financieramente. Voces Vitales te ayuda a replantear estos objetivos.

Hoy en día muchos conocidos me preguntan: ¿Dónde trabajas?. Con orgullo puedo responderles: trabajo en mi propia empresa, que un día inició mi difunto padre y hoy, con el valioso aporte de cada miembro de la familia, hemos invertido en la cultura kuna apostando a las tecnologías y al nicho de mercado existente a través de las plataformas.

Como familia somos agradecidos por tantas bendiciones recibidas en este proceso y apoyamos toda iniciativa dirigida en beneficio del deporte, el rescate y la promoción de la cultura indígena y de los nuevos emprendimientos que surgen en la comarca Kunayala. Con mucho esfuerzo, levantamos un capital para generar fuentes de empleo a mujeres de nuestra comunidad que confeccionan molas, para contratar proveedores de servicios turísticos y formar nuevas generaciones que sean embajadores culturales de nuestro arte para el mundo.

Así lo hice yo. Emprender significa comprometerse día a día con el trabajo de sus sueños. Soy mujer, soy indígena kuna y sí he tenido grandes oportunidades de crecimiento académico y profesional. De mí depende eliminar las barreras que siempre las he considerado mentales. Todos podemos fijarnos metas y alcanzarlas, sólo es creer en sí mismo, tener disciplina, dejarse orientar, perseverar y tener pasión por lo que haces.

Cada uno de nosotros tenemos un potencial infinito. Yo soy hija de Dios, yo soy orgullosa de ser indígena kuna, yo vivo rodeada de paisajes espectaculares. Cada día tomo mi cámara fotográfica y salgo a capturar la belleza y el colorido de mi identidad cultural panameña. Disfruten el proceso, ya que todo es: ¡Una experiencia auténtica!

Last modified: 14/05/2019

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