Saludable y orgánico, dos tendencias que crecen

Written by | Actualidad

Se trata de dos nichos de alimentación que vienen tomando fuerza contra viento y marea. La tendencia de comer saludable es hoy cada vez mayor, aunque en Panamá todavía sea una rareza. Ya muchos muestran interés por la fórmula alimentación-salud. Pero de lo saludable se desprende lo orgánico, un segmento que ha tenido que capear el temporal de un mercado que aún no está educado para consumir productos criados y cultivados sin la intervención de preservativos y pesticidas. En Panamá se comenzó al revés: se importaron los productos orgánicos, no los producidos localmente, porque son muy pocas las fincas certificadas. He aquí el testimonio de dos impulsores de lo orgánico y de otro que cree en la alimentación sana, limpia y balanceada.

@hugosantaromita

Existe la creencia de que consumir alimentos saludables es “por moda” y que por eso tienen un precio mayor al de los productos convencionales. Tristemente, la comida chatarra tiene precios “accesibles” y los mayores consumidores son los niños. La tendencia ahora es que, al comprar alimentos procesados o preparados, entre menos ingredientes, aditivos y conservadores tengan, es mejor. Lo ideal es que, en la medida de lo posible, se puedan conseguir alimentos orgánicos o naturales y así reducir los posibles riesgos a corto y largo plazo en la salud. Cada vez son más los productos que se venden como “saludables”, cuando en realidad sus beneficios para el organismo no están demostrados de manera científica.

Ya entrado el siglo XXI, la industria mundial de alimentos ha revolucionado de manera vertiginosa. Existe un marcado interés en el binomio alimentación-salud y hoy se reconocen otros beneficios que no se encasillan en los aspectos meramente nutricionales. Y de lo saludable se desprende lo orgánico, una rama aún más precisa y exigente para aquellos que, en definitiva, quieren estar lejos de todo lo que signifique pesticidas o preservantes, sino cultivado o criado de manera natural.

“Se trata de un mercado que seguirá creciendo e innovando. Se espera que los consumidores sean cada vez más críticos sobre lo que comen en términos de valor nutricional, y poco a poco también más críticos respecto del origen de sus alimentos, los ingredientes que contienen y la forma en que fueron preparados”, sostiene Raquel Marco, propietaria y líder de Mercadito Biológico, una cruzada orgánica que emprendió en Panamá hace poco más de un lustro luchando a brazo partido contra lo que impone la matriz de opinión del status quo alimentario y contra los que controlan el negocio de la importación de comida.

Para Raquel, el mercado de alimentos orgánicos en Panamá ha tenido un desarrollo muy distinto al resto de los países, porque comenzó su travesía sólo importando y no produciendo. “Cuando un mercado se inicia en lo orgánico. generalmente comienza por lo local respaldando a los productores nacionales, antes que traer productos del exterior”, lamenta la entrevistada, para quien los consumidores se mal acostumbraron a consumir marcas provenientes de Estados Unidos y Europa, sin importarles su verdadero origen.

Señala la experta que la mayoría son productos triangulados, originados en diversos países de la región, luego van a Estados Unidos, donde los maquilan, y regresan a Latinoamérica empaquetados. “En Mercadito Biológico no vendemos nada triangulado porque, al final, no es sostenible”, insiste Raquel, quien creció en Europa, donde fue consumidora orgánica y donde el approach con el consumidor es totalmente diferente al que se conoce en Panamá.

Se lamenta y dice que en Panamá hay pocas carnes de pastoreo y no hay lácteos orgánicos, lo que atribuye a la errática política gubernamental en la industria del agro, tanto en la producción convencional como en el segmento orgánico. Cuando Raquel comenzó con Mercadito Biológico en 2013, apostó mucho por la importación de Europa, más que por la de Estados Unidos, que certifica a los productos con apenas el 65% de condición orgánica. “En Europa tienen que ser 99% orgánicos y, además, no operan tanto los transgénicos, al igual que en Latinoamérica, donde no atiborran en certificaciones de marketing como en la industria estadounidense”, compara.

El problema para Raquel es que todo eso confunde al consumidor, quien jura estar ingiriendo productos de alta calidad, por el simple hecho de que se los venden en empaques muy atractivos. Raquel optó por vender sólo vegetales orgánicos certificados, ya que decidió trabajar con las tres fincas agrícolas orgánicas certificadas del país: Jade, Green Life y Grupo Gorace; huevos y pollos de Terra Mía, de Veraguas, y algunos pequeños productores del Darién.

La emprendedora cuenta que está obligada a ofrecer productos auténticamente orgánicos porque tiene clientes que padecen de muchas condiciones especiales, como cáncer o autismo. Sobre el gluten señala que si una persona limpia el cuerpo y logra consumir trigo de calidad orgánica, no le va a ocurrir nada. Lo que pasa es que a Panamá llega mucho trigo mutado y transgénico, de muy baja calidad, que alteró el ADN de las personas y por eso es que hay tantos alérgicos, entre otros males.

Cuando Raquel comenzó su negocio, lo hizo sin experiencia alguna sobre cómo administrarlo. Su única motivación fue establecer un canal entre los productores orgánicos locales y los consumidores. Sin duda, fue una decisión difícil y audaz en un país donde lo importado es más barato que lo producido localmente, a la hora de querer obtener el registro sanitario.

Muy distinto es para María Victoria Delgado, cuya tienda Orgánica Store, importa la totalidad de sus productos de los Estados Unidos. A María Victoria la favoreció su experiencia de compras dentro del Grupo Rey, con todo el respaldo estructural de los González-Revilla. A su juicio, no existen estudios concluyentes que definan si los alimentos convencionales y orgánicos contienen mayor y menor cantidad de nutrientes. Dice que lo que sí está claro es que los estudios demuestran que los productos no certificados orgánicos poseen considerablemente mayor contenido de pesticidas que los certificados. “Esto sin tomar en cuenta el impacto directo que tienen para el ambiente y para sus agricultores”, comenta.

Ratifica que el certificado orgánico en un producto que cumple con la norma orgánica que regula el producto, que en su fabricación se utilizan ingredientes orgánicos, limpios, puros, sin aditivos ni preservantes sintéticos. Desde diciembre del año pasado, el MIDA sacó una Certificación Nacional regulada por la norma  europea y de Estados Unidos, que facilita a los productores locales obtenerla a menor costo que las certificaciones internacionales.

La especialista sostiene que los supermercados de su cadena, Orgánica Store, cuentan con productos nacionales, principalmente, vegetales y frutas, mientras que los importados provienen de Estados Unidos y Canadá, y con creciente presencia de Suramérica. “Cada vez nacen más iniciativas de productos terminados nacionales certificados, que esperamos se sigan concretando, para que podamos ofrecerlos en nuestras sucursales”, agrega la entrevistada, quien sostiene que hay muchas razones para que lo orgánico sea más costoso que lo convencional, como, por ejemplo, la necesidad de mayor recurso humano, una oferta menor a la demanda y tiempos de producción más largos, entre otros.

Señala que desde que Orgánica Store comenzó en 2005, el conocimiento del panameño ha crecido. “Cada vez vemos a más clientes dominando el tema y haciendo preguntas sobre los productos orgánicos, los niños saben leer las etiquetas e identificar las diferencias. Creemos que el fenómeno irá creciendo”, dice optimista María Victoria.

Pero Raquel Marco es más crítica. “Mientras el mercado local no estaba listo para lo orgánico, los productores dejaron poco a poco de producir. Hoy nos encontramos con solo cuatro fincas certificadas que no producen el volumen suficiente. “No confío mucho en la certificación del MIDA porque suena ilógico que Panamá se ponga a certificar mientras sigue apoyando los transgénicos y no tiene un norte en la producción nacional”, confiesa.

Para ella, el mercado orgánico puede ver sus frutos en los próximos cinco a diez años, porque, a su juicio, es una carrera de resistencia, ya que ha apostado principalmente por la producción local. Apenas empezó en el Mercadito Biológico, comenzó a educar y hoy se ven consumidores más avezados e interesados por su salud, principalmente los extranjeros y una franja muy pequeña de panameños. “Muchos de los problemas se resuelven con ventas por volumen. Hasta ahora no había querido crecer, pero ya es el momento”, confiesa la especialista en torno a un proyecto de expansión que no quiso revelar, pero que se hará efectivo para principios del próximo año.

La otra vertiente es la que deja a un lado lo orgánico, pero se enfoca en el concepto saludable. Un ejemplo es el restaurant We Fresh Market and Café, que lidera Laura D’Croz desde hace cinco años, en Costa del Este y dos años después, San Francisco, con la novedad de que abrirán otra sucursal en Marbella a mediados de agosto. “Surgió como una idea muy abstracta, partiendo del mundo fitness, pero hoy muchas cosas originales han cambiado, razón por la cual nos fuimos enfocando en el segmento saludable. El problema es que en los supermercados no hay ninguna orientación sobre alimentación saludable”, cuestiona Laura.

La diferencia con la presencia hoy de We Fresh Market es que hace un lustro, los pocos locales de comida saludable que había intimidaban un poco al panameño común, y por esa razón nace la idea de Laura: hacer una conexión con el cliente construyendo una comunidad incluyente dentro del mundo de la comida sana. “Hemos querido reunir tanto a las personas super fit, como a las amas de casa y los hombres que quieren cuidarse”, destaca.

Para Laura, la innovación ha sido un factor clave en el crecimiento del restaurant, lo que, al principio, para ella era desconocido. “Somos una tienda-restaurante que se especializa en comida limpia, donde no usamos aceites hidrogenados ni harinas ni azúcares refinados, para ofrecer alimentos lo menos procesados posible”, define la entrevistada, una abogada que administraba las empresas recicladoras de metales de su familia, pero que sorpresivamente se encuentra ahora dedicada a la gastronomía saludable. Hoy en día se ufana en decir que sus comensales son recurrentes, razón por la cual ha sido un reto variar constantemente los menús.

Tiene menús bajos en carbohidratos, vegetariano, vegano, con proteínas moderadas y el regular, éste último bien pulido y muy amplio, sin caldos adicionales y sin sazonadores, donde destacan los bowls, ensaladas y emparedados. Confiesa que, después de los menús del día, el plato más vendido es su aguacate relleno. “En cualquier tipo de alimentación debe haber un balance, y de allí nuestro lema: no importa el tipo de alimentación que uno escoja, lo importante es que sea limpia y balanceada” finaliza la empresaria.

Last modified: 16/07/2019

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