Reciclaje o “desplastificación” ¿Hacia dónde va la economía?

Written by | Sostenibilidad

Por: Zoraida Chong

Directora de Desarrollo Empresarial

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“Life in plastic is fantastic”, dice una vieja canción sobre la vida ideal de una “barbie”. La realidad es que la vida en plástico sí que ha sido fantástica, desde el punto de vista del bienestar social, si consideramos que los envases de plástico, por ser más livianos que el vidrio, han facilitado el transporte de productos de consumo masivo, que han elevado la calidad de vida de millones y millones de personas.

Pero la vida en plástico o, dicho de otro modo, el mejoramiento de la calidad de vida de todos aquellos que compramos alimentos, productos de limpieza y todo tipo de objetos en envases y empaques de plástico tienen un precio muy alto, y lo pagaremos nosotros mismos y las futuras generaciones: la plastificación de la naturaleza.

Composition with colorful plastic bottle caps.

Llevamos décadas depositando plástico en los ecosistemas marinos y terrestres y ahora el bumerán regresa. Ya es moneda de uso corriente el hecho de que las especies marinas, muchas de las cuales son alimento para los humanos, están consumiendo pequeñas partículas de platico o químicos derivados de él. Al final, todo esto acaba en nuestras venas.

Los ecosistemas terrestres, por otro lado, están tan contaminados que, por ejemplo, no es posible visitar un manglar en la bahía de Panamá y no encontrar basura que cubre hectáreas y hectáreas de superficie. Las limpiezas de playa hasta parecen infructuosas, ya que año tras año se recogen toneladas de desechos, sin que las cifras disminuyan.

¿Hacia dónde vamos en este esfuerzo por amplificar y expandir la calidad de vida? ¿Terminaremos caminando sobre desechos plásticos? (Esto, de hecho, ya ocurre en muchas zonas del mundo y Panamá no escapa a esa realidad).

La tendencia mundial es que la economía tendrá que “desplastificarse” o volverse circular. Si se vuelve circular, tendremos que reciclar todo el plástico que producimos, lo cual es más costoso, en términos monetarios, que producir nuevo plástico. Por ende, resulta aparentemente anti económico hacerlo. Y digo, aparentemente, porque el costo ambiental de producir plástico es altísimo, si no se recicla. Dicho de otro modo, las externalidades negativas del plástico son tan altas, que casi no es posible ponerles precio.

¿Y la desplastificación qué costo tendrá? Por el momento, es difícil dar una respuesta, pero los europeos ya lo están intentando. El 28 de mayo, según informa la agencia Europa Press, “la Comisión Europea lanzó un paquete de medidas que tienen el objetivo de reducir la producción de plásticos en el bloque comunitario”.

Entre las tales medidas destacan la prohibición de los carrizos y cubiertos desechables, así como otros ocho productos que integran la lista de los diez más encontrados en playas y mares europeos. “Todos estos materiales representan el 70% de toda la basura marina, según el Ejecutivo comunitario”, añade la noticia.

En América Latina no andamos tan lejos de los europeos, al menos comenzamos con la eliminación de las bolsas de plástico, los “queridos” cartuchos, a los cuales los panameños somos tan aficionados. Tanto, que no podemos ir a “la tienda del chino” y no pedir una bolsa plástica, aunque sólo compremos un jugo o un litro de leche.

En Panamá, además nos hemos metido en la onda de Basura Cero, un programa de iniciativa pública privada que está incidiendo en la cultura del consumo y separación de desechos. Este también es el nombre de una nueva ley que obligará a las entidades públicas a tener programas de gestión de desechos a partir de agosto. Y aquí es donde nos preguntamos: ¿podrán las instituciones públicas cumplir con esta Ley?

En todo caso, lo cierto es que estamos avanzando en una dirección interesante. Por un lado, cada vez son más las empresas y organizaciones que impulsan la gestión sostenible de los desechos, que empieza por romper paradigmas en el diseño, producción y consumo de todo tipo de objetos y servicios (también conocido como ecoinnovación); continúa con la separación en la fuente (es decir, casas, empresas, entidades públicas, etc.) y termina con el reciclaje o transformación del desecho en materia prima.

Sea que nos inclinemos más hacia la transformación del plástico en materia prima o hacia las leyes que limitan su utilización, lo cierto es que estamos en medio de una transformación económica, en la que las empresas tendrán que encontrar la forma de adaptarse para continuar siendo competitivas. Aquellas que producen plásticos desechables quizás tengan que producir otra cosa; aquellas que empacan en plástico quizás tengan que diseñar nuevos empaques e, incluso, nuevos productos. Algunas empresas simplemente desaparecerán, como ocurre ante cualquier transformación económica. Usted, señor/a empresario/a ¿qué hará? Usted, señor/a consumidor/a ¿qué hará?

 

 

Last modified: June 19, 2018

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