Vivir del arte sin morir en el intento

Written by | Así Lo Hice

Desde niña me gustó dibujar y pintar: mis trabajos siempre eran sobresalientes. Mi papá hasta me inscribió en un curso de dibujo por correspondencia de España, y tomé un curso de verano en Ganexa antes de que esta institución fuera una universidad.  También probé hacer teatro y simplemente me enamoré de hacer arte, pero la vida parecía no aceptarlo. Pasé por un largo proceso, hasta volver a mi esencia y emprender en lo que realmente me gusta. Aquí cuento la historia de cómo lo hice y cómo ha sido mi recorrido.

Por: Ginnett Vargas

info@cototinespanama.com

Al cumplir 18 años, pensaba que, aunque me gustaba mucho el arte, no podía vivir de eso. Busque entonces los objetivos tradicionales: estudiar algo que te dé un sustento. Así que simplemente archivé mis sueños en una gaveta.

De ahí en adelante, me dediqué a estudiar una carrera y una maestría en algo que realmente no me encantaba, pero que podía hacer y comencé a laborar, pero, por supuesto, no me sentía satisfecha. Viví casi 15 años de mi vida haciendo cosas que no me llenaban el alma. En el fondo de mi corazón sentía que no estaba en el lugar correcto, pero seguí trabajando, dando lo mejor de mí, hasta que un día me dije: “Tienes que hacer algo más, no puede ser que te vayas a quedar toda tu vida metida en una oficina haciendo algo que no te gusta.” Pero debo admitir que toda esa experiencia vivida me ha ayudado en diferentes partes de mi vida actual.

Un buen día, hablando con una de mis mejores amigas, le transmito mi inquietud de querer hacer algo más. Ella me dijo que sabía que siempre me había gustado dibujar y pintar, que por qué no intentaba hacer pintas caritas. A ella, que ya estaba en el mundo de las fiestas infantiles, siempre le pedían este servicio. Pero no fue hasta un año después que me animé con la idea y el propósito de generar ingresos extra.

Mi esposo me apoyó con la idea y me dijo que lo intentara. Hicimos una lista de las cosas que podía necesitar y me ayudó a conseguirlas. Enseguida, mi amiga me dijo que necesitaba una pinta carita para esa misma semana y ahí empezó todo.

El arte regresa a mi vida

Ese día, lo recuerdo tan claro, me sentía super nerviosa. Había otras pintas caritas, animadoras y payasos que me observaban y, obvio, más nervios me dio.  Pero ya estaba allí, así que me puse a pintar. Ese día aprendí una cosa: en la mayoría de los casos, no importa que le pintes a un niño, ya sea que tu sientas que no te quedó muy bien, ellos serán felices. Y para mí eso ya era ganancia y satisfacción.  Ese día decidí comenzar a ofrecer mis servicios como pintas caritas.

Entre los primeros consejos que recibí fue que pensara en brindar otros servicios para que tuviera más opciones que ofrecerle al público y me pareció una buena idea. Pero es difícil depender de otros, así es que desistí de eso. Me aconsejaron que buscara mejor otra cosa que hacer, porque dudaban mucho que yo pudiera vivir de ser una pinta carita y aunque me dolió, fue lo que me permitió seguir adelante.

En medio de todo esto, quedé embarazada y mi mundo literalmente se detuvo. Volví a dejar de lado el arte y me enfoqué en el trabajo y en mi barriga porque quería estar “full” concentrada en esta nueva etapa de mi vida. Cuando mi hijo nació, todo cambió y supe que parte de mi misión era ser mamá. Pero yo quería ser una mamá de tiempo completo. Tan solo pensar en la idea de regresar a trabajar y dejar a mi niño ¡me mataba! Así que decidí renunciar a una estabilidad de seis años, con una buena posición, un buen salario, seguro de vida, mejor dicho, todo, y busqué otro trabajo donde me pagaban menos, pero estaba más cerca de casa.

Fue entonces cuando volvió la idea de hacer pinta carita: debía recompensar porque no estaba ganando lo mismo. Esta vez hice una investigación más profunda. Vi miles de tutoriales en “YouTube” y descubrí una compañía increíble que vendía productos profesiones y me arriesgué, por primera vez, a comprar online. Inmediatamente mi amiga me llama y me comenta que venía una chica de Costa Rica a dictar un taller de pinta caritas y dije: “Este es el momento”.

Recuerdo que me quedaba hasta tarde practicando, a veces hasta me llevaba mis pinturas al trabajo, tenía una buena supervisora que me daba permiso para practicar. Mis compañeras también fueron un apoyo muy grande, porque me daban ideas y me animaron a que siguiera adelante.  A veces le daba la vuelta al reloj haciendo artes para subir en redes para promocionarme.  A pesar de todo esto, llegué a un punto que estaba por desanimarme porque, por más esfuerzo que le metiera, no me contrataban.

Decidí entonces asistir a ferias para darme a conocer. Fue un año duro durante el cual tuve que invertir en material, en publicidad, en equipo para ir a ferias (tolda, mesas, sillas, volantes, “banners”, etc.), el mismo costo del espacio en las ferias; pero valió la pena.

Cumpliendo sueños, me derrumbé y volví a surgir

Llegó el momento en que se me presentó otra oportunidad de trabajo y lo acepté, porque yo añoraba ir a una de las mejores convenciones de “Face and body painting” en Estados Unidos, por lo que decidí cambiar de trabajo para obtener un mejor ingreso.  Aquí me iba bastante bien, pero pasó algo que tal vez no contemplé: trabajaba de lunes a viernes, pero tenía que levantarme por tarde a las cuatro de la mañana para dejar a mi hijo en casa de mi suegra, luego viajar unas dos horas al trabajo, trabajar todo el día, regresar en dos horas más de tranque, atender a mi hijo, a mi esposo, la casa, la comida, etc.  Además, seguir atendiendo el negocio en las noches y trabajar en los cumpleaños los fines de semana.

A pesar de todo esto, cumplí mi sueño de ir a la convención. Aprendí muchísimas cosas, conocí gente muy talentosa y compré el maletín de pinturas de mis sueños. Esta experiencia me abrió los ojos y entendí que el conocimiento se comparte y decidí dar talleres. Como aquí en Panamá es muy poco lo que se consigue de buena calidad para pintar caritas, decidí también traer los productos que yo usaba para que los demás pudieran tener la misma calidad que yo.  Me encontraba en un punto en el que estaba muy feliz por estar recibiendo los frutos del esfuerzo que hice al educarme e invertir en mí, en promocionarme y deseaba con todas mis fuerzas sacar este negocio adelante para poder ser independiente. Incluso pagué por una asesoría que me guiara a cómo lograr este sueño.

Pero al no descansar lo suficiente, me enfermé, empecé a faltar al trabajo y como era de esperarse me despidieron. Dolió a pesar de que yo no quería seguir trabajando, mi esposo me dijo te permito que llores hoy, pero mañana te pones a trabajar desde más temprano y listo, ya tienes funcionando un negocio, no es el fin del mundo. Para él era fácil, para mí por alguna razón, fue duro y entré en un periodo de depresión. En aquel entonces no entendía por qué estaba así, simplemente me sentía triste, no tenía los mismos ánimos y hacía lo mínimo por el negocio, cuando se supone debía ser todo lo contrario.

Por esos días llegué a ver en “Instagram” la convocatoria para el programa de mentoría de Voces Vitales. Desde el año anterior lo había visto y me había gustado ver cómo las mujeres que estaban en ese programa mejoraban sus negocios. No había podido participar porque yo estaba trabajando y uno de los requisitos era no estarlo, así que dije: ¡Bueno, si ya no estoy trabajando, voy a aplicar”. Y fui seleccionada para entrar al programa.

Voces Vitales fue una experiencia que reunió muchas cosas. Primero, ayudaron con mi parte interior, a saber que estaba en una etapa de luto por haber perdido mi trabajo. Luego a entender que no era el fin del mundo porque, como me decía mi esposo y mi familia, yo tenía un negocio, pero a veces hace falta que personas de afuera te lo digan.

Para mí es un antes y un después. Empecé a poner en orden mi negocio, en todos los aspectos, financiero, revisé todos mis servicios, investigué para ver que más podía ofrecer; en fin, tener más estructura. Me costó un tiempo, pero fue otra de las cosas que le dio una gran inyección de energía, fe y esperanza a mi negocio. Ahora que han pasado cinco años desde de que me inicié y con todo esto que he aprendido, me encuentro en una etapa de renovación y planteándome nuevas metas para los próximos cinco años.

Hoy en día puedo decir que me siento plena de poder estar viviendo algo tan lindo como lo es ser mamá emprendedora. Siento que tengo lo mejor de ambas vías: estoy presente para mi hijo, llevarlo a la escuela, poder preparar su comida, hacer que duerma su siesta y a la vez poder tener un negocio que me ayude a aportar en la economía de mi hogar.  Y ahora me encuentro en la planificación de mis próximas metas.

Como recomendación final, puedo decir es que si te apasiona algo, cree en ti, prepárate, estudia mucho y lucha por ello. ¡Suena trillado y muchas personas lo dicen, pero yo puedo decir que es verdad!

Last modified: 16/08/2019

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